Flaca, la maté

por Lucila Rosemberg
Yo era un hombre honesto. Nunca se me habría cruzado por la cabeza hacer una cosa de éstas , pero no daba más; me habían echado del laburo y no podía zafarla y la bruja me acosaba todo el día con que porqué no cobraba y que ella se mataba laburando y que tus jefes son unos choros de mierda y yo ya no puedo más! Ya no puedo más sacarme la imagen de esa mujer acogotada, de esos ojos acusándome. ¡Es que yo soy el asesino! ¡Sí! ¡Soy yo!
Sabía que Servando, “el gorra”, me podía ayudar. Yo le hacía unos trabajitos nomás y el me pasaba unos mangos como para pasar desapercibido en mi casa, para que la flaca me siguiera creyendo que laburaba ...hasta que consiguiera otro trabajo...
Gorra me dijo: “ Te la hago fácil loco, vos conseguís la mercadería y yo te pago porcentaje de valor .Lo único que no seas boludo, que no te agarren porque cuando salgas te hago boleta. No me va a quedar otra loco”.
Como era mi primer “trabajito” le pedí que me ayude, que me vaya guiando. Me dijo que consiguiera un lugar al que pudiera entrar fácil.
La noche del 31 , a las 10 de la noche nos encontrábamos en el baldío de Ranchos y Constitución. Hacía mucho frío pero sin embargo mis manos transpiraban litros de sudor.
No llevábamos armas. Yo le había dicho que conocía la casa de una vieja, algo fácil, y creía haber visto una tele y alguno que otro de esos aparatos modernos, los de ahora.
Llegamos a la puerta de la casa y saqué la llave. Servando me miró sorprendido. Yo no hice caso a su mirada y abrí silenciosamente. La vieja dormía. Me dijo que custodiara en la puerta de la pieza mientras el sacaba el DVD. Cuando ya estaba todo casi listo sentí cómo mi nombre retumbaba como una mala palabra, como una grosería, como la peor acusación en mis tímpanos .¡ERNESTO!
Los ojos de mi suegra se fijaron en los míos y ya no pude más que salir corriendo. Subimos a la F100 del gorra y, como por arte de magia, embebido en terror y culpa me bajé rodando a la media cuadra. Cuando salí de la casa nuevamente , el gorra todavía me esperaba , sin en realidad esperarse lo que yo había hecho.
Bajé en mi casa. Mi mujer lloraba al teléfono. La consolé. No sabía que le pasaba. No podía escucharla. Ya no escuchaba nada, sólo resonaba en mis oídos el llamado de Mary: ¡ERNESTO!
No me había dado cuenta pero mis manos estaban manchadas con sangre ya seca y al verlas, mientras mi mujer salía corriendo de casa y ya no me escuchaba, estallé en llanto y ya no puedo más! ¡Ya no puedo más soportar la imagen de tu madre ahorcada con ese cable! ¡Flaca, negrita mía, escuchame! ¡Maté a la vieja! ¡Tenía miedo y la maté!
Editado por María Elena Sánchez a las 12:18 PM | Palabras: [ 492 ]
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Enlace permanente | Comentarios (1)
lucinante! , para un capitulo de maridos asesinos de telefe!
Publicado por: Cristina Noviembre 3, 2005 11:50 AM



