El mensaje

Por Virginia Fontanarrosa
Seguir en la ruta para llegar a ese lugar inhóspito. Sentirse libre por un instante y dejar atrás todo lo doloroso de la vida cotidiana.
Ese era uno de los pocos y simples sueños que rondaban y trastocaban la cabeza de aquél hombre. El hombre de las esquinas mojadas de sufrimiento y abandono. El hombre que sabía la verdad. Esa gris y cruda verdad que sobrellevaba día a día.
Respiraba aires de hambre. Leía las líneas de sus manos agrietadas y endurecidas y así podía ver lo lejos que estaba de realizar el gran viaje.
Pero un día todo cambió. Tirado en el banco cubriéndose del frío con no más que su propia piel, experimentó algo que jamás había experimentado en todas sus noches.
Una luz alumbró directo a sus ojos y quedó plasmado en él esa imagen que ya nunca podría olvidar.
Guillermo no escuchó el teléfono, pero luego de su largo y relajado baño de inmersión vio la luz roja de su contestador titilar. En ese momento sintió que su vida se iba al carajo y lloró. No sabía qué iba a pasar cuando escuchara ese mensaje. Sintió tanto miedo que tomó su abrigo, las llaves del auto, armó un bolso con un par de remeras, un jean, sus ahorros de cuatro años y partió. Sin avisar, sin dejar una nota, sin escuchar a su conciencia.
Comenzó a manejar sin rumbo definido. Escapaba de algo, de alguien. Escapaba para no enfrentar su destino. Escapaba para ya no regresar.
Hizo una parada en un bar. Como no podía ser de otra manera, pidió un whisky doble y dio entrada al amigo más comprensivo y testigo de toda su vida en su cuerpo.
Siguió su camino y al doblar en una esquina vio por primera vez la persona que era. La verdadera naturaleza con la que había sido traído a este mundo. No había nadie más que él y su sangre sedienta. Ya no había vuelta atrás. En los cambios no había reversa que pudiera salvarlo. Quería terminar con esto y seguir su ruta. Apretó el acelerador, prendió las luces altas y en un segundo embistió a aquél cuerpo curtido de tanta calle.
Cansada de tanto tocar timbre, Lily llamó a un cerrajero y sin importarle ya que iba a invadir una propiedad privada entró. Recorrió toda la casa. No había rastros de que hubiese ocurrido algo malo. Hasta el momento que escuchó el mensaje del contestador y quedó paralizada.
“Hoy voy a ser quien no fui hasta ayer. Voy a desmentir la basura que he sido por haberme adaptado a todo esto. No puedo dormir más en las noches porque mi persona no me deja escapar y me atrapa un poco más todos los días. Pero hoy, finalmente, voy a estar con ella y vamos a ser uno”.
La mañana siguiente trajo al sol y al horror. Los titulares de los diarios, tristeza.
Editado por María Elena Sánchez a las 06:43 AM | Palabras: [ 486 ]
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