Anécdota

MARÍA VIRGINIA FONTANARROSA
Si tengo que pasar mi vida comiendo libros para ser el modelo que quieren que sea, olvídense.
Estoy teniendo sensaciones tan…ya ni sé como carajo explicarlo. Y además, ¿por qué tengo que explicarlo? Me siento así. De esta manera que te va comiendo la cabeza día a día. Llega un punto en el que te tirás para atrás. En realidad no sé si nace todo de mí, o hacen que me pase esto. Sí. Si, por supuesto, cada uno es responsable de sus actos. No hay nadie más. Pero ¿quién o quiénes son los que te llevan hasta la puerta?.
Estoy viviendo momentos fuertes. No sé bien qué es lo que quiero a esta altura del año… de mi vida. Desde que reprobé empecé a ver las cosas derrumbarse. Tenía mis metas con las leyes, el Derecho y todo eso que ya no me importa.
Tal vez creí que me iba a sentir importante y ganar plata y esas mentiras que me llenaron por tanto tiempo. Ahora no puedo engañarme más. No es lo mío…mentirme digo. Engañar es una de las cosas más fáciles, pero el que lo haya hecho consigo mismo, se merece por cierto un trofeo.
“Terminá el año y dejate de joder, ya es el tercer año que hacés lo mismo. Dejá ese laburo que no te sirve para nada. Te dije que yo te banco, pero traéme el título de una vez por todas”. Una y otra vez. Es la canción de todos los días. Esa música funcional de un cuarto de hotel que no sabés cómo apagarla, y no me digan que llamando a conserjería, porque me arruinarían la metáfora.
Me voy a distraer con Pablo y Fede. Ellos son los únicos que me bancan, que me entienden, si bien no están en la misma situación. No me presionan. Y eso que podrían hacerlo. Un amigo no es tu viejo, pero puede decirte cosas importantes y que no te gusten. Como un viejo. De eso es lo que hablo.
Muchas veces una cerveza pareciera ser la excusa perfecta para reunirnos, pero la verdad es que la única razón es distraerme un rato, descargarme con ellos. Contarles todo. ¡Pobres! Si me habrán escuchado, y aun así nunca llego a una conclusión. Es como cuando no querés bajarte de la calesita hasta no conseguir la sortija.
“Che, Dieguito, ¿y si esta vez te ponés las pilas? Tal vez no es tan malo. Pensá en esto: a lo mejor los que dicen que su carrera los apasiona es toda una mentira. La sociedad te estructura para que digas eso, mejor dicho, para que sientas eso. Para mí te lo terminan diciendo tantas veces, te hacen pensar que es así, que bueno…llega el día en que te la crees. Y ahí empezás a cambiar. El laburo de “etiqueta” te va consumiendo, las responsabilidades te abruman, tu vida se convierte en una rutina y por eso ya no podés ver lo que eras. Pasás a ser algo así como la arcilla del alfarero que va tomando la forma que éste le da, y prácticamente desde que nacés, pero se hace más notorio en el momento que te dije. Así que, no te digo que dejés el kiosquito, pero fijate si podés laburar menos horas, o buscar otra cosa, o no sé. Vales mucho, tenés mucha capacidad, no la regales al primer mendigo de una esquina con tres dientes y un traje de diarios. Mirá que no queremos joderte, nunca lo hacemos, pero ahora es hasta como un deber que te lo digamos. Mirame a mí, soy un bruto, ni siquiera pude terminar el secundario, mi trabajo me ahoga cada vez más. Yo si no los tengo a ustedes no sé que haría. Por eso, demostrarle a todos que sos alguien, demostrátelo a vos mismo. Convencete de eso, porque es la pura verdad".
-No, Marcos, no pasa nada. ¿Mañana? Sí, seguro, pero en serio, no tenés de qué preocuparte.
¿Qué le voy a decir? ¿Que odio la carrera?¿ Que no encuentro pasión en el estudio? ¿ Que viviría del aire, la plata y la joda?. Me bancó mucho. No puedo ni mirarlo a la cara.
“Diego, esto no te lo digo como profesor, aunque sé que en algún momento me salta porque es inevitable, pero el punto es que me doy cuenta de las cosas. Y me gustaría que confiaras en mí y me hablaras. Te voy a contar algo. Era el año ´75. Mi viejo estaba muy bien posicionado económicamente. Él no trabajaba, directamente vivía por y para nosotros. Eso era lo que decía siempre. Y así no tenía ni tiempo de vernos, ni a mí, ni a su esposa, laboriosa y paciente esposa, ni a mis hermanos, más chicos que yo. Imaginate que yo era un pibe, con quince años casi recién cumplidos. Un día le recordé “hoy me voy a Córdoba con el cole por una semana. Si no venís a despedirme esta vez, sinceramente ya no creo que me importe demasiado vivir así con tantas comodidades, si no las puedo compartir con vos”. Eso fue por teléfono, y por supuesto, el mensaje le iba a llegar por medio de su secretaria.
A las once de la noche partió el micro. Él ni apareció. Imaginate que tuve casi siete horas de viaje. Siete horas de tristeza interna, porque trataba de no demostrarlo, y siete horas para pensar. La verdad, pude pensar muchísimo. Podía pasarme algo malo, y mi cabeza iba a seguir carcomiéndose y dando vueltas y vueltas. ¿Sabés a la conclusión que llegué?.”
Lo estimo mucho a Marcos, pero me estaba cansando, así que me emocioné mucho cuando estuvo por contarme el final de la anécdota, de seguro moralista o algo por el estilo.
“Dije que el día de mañana iba a vivir para mí. No por y para los otros. Sí que mi vida la iba a compartir con las personas que me estuvieran rodeando, pero no me iba a hacer esclavo de nadie. Si laburar de, supuestamente, lo que te apasiona, es decir, de la carrera que elegiste, significaba ser lo que era mi viejo, prefería hacer algo que tal vez no me apasionase tanto pero que me dejara vivir más. Muchos te dicen “hacé lo que te guste hacer, no importa si ganás o no plata de eso” pero en el fondo de esa frase el sentido es más bien…cómo explicarte…es algo así como que tenés que trabajar de lo que estudiaste aunque te cagues de hambre. Yo te digo la misma frase, pero con otro sentido. En el sentido de que vas a tener diez millones de laburos que no tengan nada que ver con lo que estés estudiando, pero quizás lleguen a llenarte mucho más que tu “apasionante” carrera. ¡Y ojo!, la vas a vivir igual a la vida. Nadie te va a poder sacar lo grato que te dé aquello. Y vas a apasionarte, con todas las letras. Y mucho. Tal vez no llegue a ser por ese trabajo, pero… ¿Tus amigos? ¿Tu familia? ¿Tus aventuras, logros? ¿Qué me decís de eso?...Ey, Diego, Dieguito… ¿estás bien?”.
Me había quedado totalmente boquiabierto. Las últimas palabras me llegaron mucho más de lo que creí que podrían llegar a tocarme.
Sentí… tanta tranquilidad…me sentí tan seguro de mí mismo en ese momento. Ya no tenía esa sombra de miedo y angustia que venía persiguiéndome hacía tiempo.
"Si, si, estoy…estoy…bien. Estoy…vivo. Tengo tantas ganas de vivir y hacer tantas cosas que solamente tengo tiempo de darte un abrazo, porque quiero volar ya para casa y decirle a la loca de mi vieja lo que me estaba pasando y lo que acaba de cambiar. Gracias Marquitos, muchas gracias… no sabés lo que significan tus palabras.”
Editado por María Elena Sánchez a las 04:36 PM | Palabras: [ 1290 ]
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