Como comer un ají jalapeño
Nicolás Pin
El ají jalapeño es una de las variedades de ají más picantes que existen. A pesar de esto, quienes lo prueban desarrollan una adicción que puede llegar a ser peligrosa. No es cuestión de abrir una lata y comer (a menos que uno sea un poco masoquista); se debe ser cuidadoso para evitar lesiones. Si, lesiones, como se verá más adelante.
Primero, hay que conseguir los jalapeños. Hasta hace no mucho tiempo atrás este paso se complicaba bastante, pero últimamente se está haciendo más fácil. Algunos supermercados (los más grandes) los traen, y aunque pueden parecer caros porque la lata no es muy grande, las cantidades a utilizar son reducidas, por lo que el costo final resulta económico.
Una vez abierta la lata hay que pasarlos a algún recipiente con tapa. Hay que elegir bien; no porque el tipo de recipiente en sí sea importante, sino porque es probable que el recipiente absorba el gusto y no se pueda usar más para poner otra cosa. El plástico absorbe mucho mientras que el vidrio prácticamente no absorbe.
Ya están listos para ser comidos. El próximo paso es decidir en donde se los va a poner. Lo ideal es comida mejicana: tacos, burritos, enchiladas, fajitas o hasta nachos. El problema acá es que hay que debido a que no se pueden comprar estas cosas tan fácilmente (en realidad tan económicamente), la opción más razonable es hacerlos uno mismo, y esto no solo lleva tiempo sino que requiere de práctica. La solución es, entonces, recurrir a platos más autóctonos, como puede ser una pizza, un buen sándwich o alguna salsa para comer con carne o pollo. La imaginación es el límite.
Hay que ser muy cuidadoso con la cantidad a utilizar. Esto es muy importante. La primera vez que se prueban es muy común subestimar los jalapeños y comer un pedazo grande de una sola vez porque “¿que tan picante puede ser esto?”. Puede ser, y es, muy picante. Así, se debe probar con una pequeña puntita e ir incrementando las porciones paulatinamente. Con el tiempo, las historias de gente que come un ají entero de una sola vez dejarán de parecer completamente insólitas e irreales y pasarán a infundir respeto y admiración.
El momento después de llevar el jalapeño a la boca es extraño. Por un lado, se siente un ardor en la lengua y en la boca que le hace pensar a uno por qué se somete a esto repetidas veces. Pero al mismo tiempo, hay algo que hace que esa experiencia no sea desagradable sino adictiva. Según un estudio del Dr Paul Rozin de la Universidad de Pennsilvanya, EE.UU., el ají picante dispara la secreción de endorfinas, que son narcóticos naturales del cerebro, en el comensal
Ahora llega la parte más peligrosa de toda la experiencia. El momento en que el ardor está instalado en la boca y no se va. Este es el punto donde se pueden llegar a producir lesiones; no debido al acto en sí de comer jalapeños, sino indirectamente por la necesidad de salir corriendo a buscar algo para aliviar el ardor sin que importe mucho si hay algún objeto contundente bloqueando el paso. Lo que se debe hacer es tener mucho agua a mano al momento de comer. Si bien lo mejor para calmar el ardor son los productos lácteos (leche, helado, crema), el agua ayuda bastante, sobre todo si está bien fría. Las gotas de sudor en la frente son normales, y hasta llegan a ser disfrutadas eventualmente.
Cuando el ardor y los gritos y blasfemias terminen, el comensal seguramente querrá repetir la experiencia. Si, realmente son adictivos.
NOTA DE LA DOCENTE:
Al editar este texto no pude resistir poner algunas fotos de mi reciente viaje. Todas pertenecen a una ciudad que se llama OAXACA. Preciosa como podrán apreciar al ver su plaza, Zócalo para los mexicanos, y un bar que está sobre la misma.
Editado por María Elena Sánchez a las 10:39 PM | Palabras: [ 653 ]
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