Lecturas Lindas: "La astucia de la razón", por José Pablo Feinmann


* por Ever Casella

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He querido acercarles un fragmento de este interesantísimo libro de José Pablo Feinmann.
La trama se desnvuelve alrededor del personaje Pablo Epstein quien desarrolla una neurosis compulsiva a partir de dos hechos fundamentales: el golpe de estado de 1976 y, simultáneamente, una intervención quirúrgica en los testículos.

Lo llamativo es el recurso que elige el autor para transmitirnos la angustia, la tensión y, lisa y llanamente, la neurosis que sufre Pablo Epstein. Los dejo con el fragmento en cuestión.

La astucia de la razón [fragmento]

Capítulo II

En noviembre de 1965, antes de la finalización de la primera quincena de ese mes, que tiene, precisamente, dos quincenas, pues tiene treinta días, dos quincenas como dos huevos tenía Pablo Epstein, como los tenía, al menos, antes de su operación, antes de ese hecho que significó extirparle a él, a Pablo Epstein, una quincena, o mejor dicho: un testículo, un huevo, el derecho, como si le quitaran quince días a noviembre, quince días a, digamos, la primavera, y que se lo quitaron, se lo extirparon, el huevo, casi exactamente diez años después del mes de noviembre de 1965, y, según ya ha sido escrito, ciento treinta y dos días antes del 24 de marzo de 1976, es decir, ciento treinta y dos días antes del golpe militar del 24 de marzo de 1976, es decir, ciento treinta y dos días antes de ese feroz hecho histórico, cuya ferocidad debió ser enfrentada por Pablo tal como había salido de la sala de operaciones, es decir, con un solo huevo, así, cercenado, desvalido, desvalido y cercenado justamente cuando, según todos sus amigos lo decían, había que tener huevos para bancarse lo que venía, para enfrentar, o, al menos, soportar la ferocidad del golpe militar que encabezaba el general Jorge Rafael Videla, había que tener, decían todos sus amigos, para esto, huevos, es decir, había que ser más duro y más valiente que nunca, había que tener más huevos que nunca, ¿y cómo habría de tener Pablo Epstein más huevos que nunca si su situación era la contraria, si tenía, precisamente, menos huevos que nunca?, y los tenía -o si se prefiere: no los tenía- porque así, bajo esta situación, con menos huevos que nunca -o para decirlo con mayor rigor: con uno- había salido de la sala de operaciones, desvalido y cercenado, casi exactamente diez años después del mes de noviembre de 1965, fecha en la cual, ni desvalido ni cercenado, entero, absolutamente con sus dos testículos, a la edad de veintitrés años, con, según suele decirse, la vida por delante, había viajado a la ciudad de Mar del Plata junto con tres compañeros de estudios, uno de los cuales, Pedro Bernstein, debía instalar, en la localidad de Punta Mogotes, un balneario que, Ernesto Bernstein, un tío de Pedro, un hombre de edad indefinida, con arrugas profundas y salitrosas, le había cedido, o mejor dicho: regalado, puesto que, según les había dicho a los cuatro compañeros de estudios antes de que éstos partieran hacia la ciudad de Mar del Plata, hacia la localidad de Punta Mogotes, estaba harto, Ernesto Bernstein, del mar, del sol, del verano y de la, dijo, imbecilidad de los turistas, de modo que iría a la Patagonia, a perderse en la Patagonia, a buscar, allí, paz, dijo, para los desórdenes de su espíritu, curiosa frase que Pablo Epstein habría de recordar años después (los desórdenes del espíritu), pero que en ese mes de noviembre de 1965, cuando Ernesto Bernstein, el tío de Pedro, la pronunció, fue sencillamente incomprensible para Pablo, que lo ignoraba todo de la vida, e ignoraba, en consecuencia, que ese hombre, Ernesto Bernstein, el tío de Pedro, era un hombre atormentado, tal como él lo sería casi exactamente diez años después de ese mes de noviembre de 1965, cuando, ni desvalido ni cercenado, con el espíritu en orden, se disponía a viajar a la ciudad de Mar del Plata junto con tres compañeros de estudios, junto con Pedro Bernstein, el sobrino de Ernesto, junto con Ismael Navarro, a quien, según se verá, Pablo estimaba escasamente, y junto con Hugo Hernández, cuyo nombre recién aparece en esta narración, y a quien, Pablo Epstein, amaría y odiaría, sucesiva o simultáneamente, más que a cualquier otro compañero de estudios o de militancia política con el que se cruzara en su vida, y quien, Hugo Hernández, ya era, en ese mes de noviembre de 1965, el verdadero compañero de estudios de Pablo Epstein, el más estimado por él, el más inteligente, el más talentoso y el de más brillante futuro, ya que Hugo Hernández, en ese mes de noviembre de 1965, tenía, tal como Pablo, veintitrés años, y estaba entero, y tenía, también como Pablo, la vida, según suele decirse, por delante, y ya era todo esto para Pablo, es decir: su verdadero compañero de estudios, el más estimado por él, el más inteligente, el más talentoso, el de más brillante futuro, cuando, en ese mes de noviembre de 1965, Pablo partió rumbo a Mar del Plata junto con tres compañeros de estudios, junto con Pedro Bernstein, junto con Ismael Navarro y junto con Hugo Hernández, junto con quienes había cursado, durante el segundo cuatrimestre de ese año, Historia de la filosofía contemporánea, año que, pensaría Pablo, sería fundamental en su formación filosófica, pues al calor de esa materia y al calor de sus conversaciones o discusiones con, sobre todo, según ya ha sido dicho, Hugo Hernández, Pablo había completado su formación hegeliana, y se disponía ahora, mientras partía rumbo a Mar del Plata junto con sus tres compañeros de estudios, a releer, pongamos, ferozmente, la Fenomenología del espíritu de Hegel para presentarse a rendir su examen de Historia de la filosofía contemporánea en el tercer turno del próximo mes de diciembre con un trabajo sobre El concepto de naturaleza en la filosofía de Hegel, trabajo que empezaría a redactar en Mar del Plata, mientras ayudaba a Pedro Bernstein a instalar el balneario que le había legado su atormentado tío, en ese mes de noviembre de 1965, cuando Pablo Epstein tenía veintitrés años, y tenía, según suele decirse, la vida por delante, y no sospechaba, ni remotamente sospechaba, que después, muchos años más tarde, ese trabajo sobre El concepto de naturaleza en la filosofía de Hegel habría de serle útil para pensar su neurosis, para cuando él, Pablo Epstein, pudiera pensar su neurosis, reflexionar sobre ella, y aun escribir sobre ella.

José Pablo Feinmann


Para los que no lo conocen, Feinmann (Buenos Aires, 1943) es un escritor muy prolífico de nuestra época: posee doce novelas publicadas, otra docena de ensayos, guiones de cine y obras de teatro.
Es uno de los filósofos más influyentes de nuestros tiempos; probablemente algunos lo hayan visto en TV, conduciendo "Filosofía Aquí & Ahora", que se emite por canal Encuentro. También es un colaborador permanente del diario Página/12, donde usualmente escribe contratapas maravillosas.


Darío Beckley nos acercó esta bellísima poesía del español Carlos Ortega: "La prefecta alegría"

La perfecta alegría

Si te caes, no te levantes,
repta por el camino,
más cerca del suelo encuentra el triunfo del sol,
el espejo en la tierra que devuelve la dura necesidad,
la urgencia inevitable,
la presión de la discordia,
el amenazador desorden,
los efectos de la debilidad y de la duda.

Es así la perfecta alegría,
ciega, inhumana,
y el piloto, un borracho que obedece a la majestad del mundo.
Por qué detiene a unos, y a otros los deja pasar,
Para qué un juicio que nos vuelva locos.

No cerramos bien nuestras tumbas,
demasiado agudos los ángulos,
la meditación se pierde entre la forma humana,
la ley del sentimiento pende como la soga del cadalso.

Así es la perfecta alegría,
sin previo cálculo,
de rodillas, avanzas hacia el sueño,
hacia el feliz estadio de no negar, de no contradecir,
de afirmar solo.

Carlos Ortega

Carlos Ortega nació en Valladolid en 1957. Estudió Filología Francesa y Germánicas, y se dedicó ocasionalmente a la enseñanza, sobre todo en la Universidad francesa. Director de la Biblioteca Nacional de Madrid entre 1994 y 1996 y de la Editorial Losada de 2001 a 2005, dirige actualmente el Instituto Cervantes de Viena. Ha ejercido la crítica literaria en Babelia, el suplemento literario del diario El País, y ha coordinado durante un tiempo el suplemento cultural del ABC. Una muestra de su tarea crítica se recoge en el volumen Lo excelso y lo raro. Ensayos sobre poesía y pensamiento (1997). Su labor como traductor abarca desde las narraciones de Julio Verne hasta la poesía de Robert Walser, pasando por los textos clásicos de Rousseau, Molière o Hugo von Hofmannsthal.


* Auxiliar alumno de Redacción I

Rosario, Pcia. de Santa Fe, Argentina, 20 de Mayo de 2010
Editado por Ever Casella a las 12:02 PM | Palabras: [ 1442 ]
Archivado en: [ Lecturas lindas ]
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Bravery is the capacity to perform properly even when scared half to death. -General Omar Bradley

Publicado por: hot girls Abril 11, 2012 6:19 AM
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