TL 11: Facticio y Ficticio
Por Ever Casella, Ramiro Palma y Gala Décima Kozameh*
1) Leer el material “El fin”, de Jorge Luis Borges; y “Skinheads Antifascistas: el lado rojo de la fuerza” de Alejandro Seselovsky [fragmento].
2) Reconocer en cada uno pasajes facticios y otros que sean ficticios. Detallarlos.
3) Redactar una noticia narrativa con el material del cuento “El fin” y redactar un cuento con el material de la crónica “Skinheads Antifascistas”; respetando las reglas de construcción de cada uno.
Skinheads Antifascistas: el lado rojo de la fuerza [fragmento]
Allá, a noventa metros que ahora son ochenta y siete que ahora son ochenta y cinco, vienen caminando los dos muchachitos atragantados de propaganda, con las caritas malas, los borceguíes ajustados, los pantalones camuflados para una guerra comprada en El mundo del Juguete. Ahí vienen los dos, por Diagonal hacia la Plaza de Mayo, buscando unirse al resto de los skinheads neonazis que están parados en la puerta de la Catedral de Buenos Aires para repudiar, junto a lo más simpático de la ultraderecha católica argentina, a todos esos gays-lesbianas-travestis que ahí enfrente festejan otro día de orgullo.
Ahí, a cincuenta metros que ahora son cuarenta y ocho que ahora son cuarenta y cinco, vienen Rambito y Rambón a los dieciséis años, listos para aguantar, seguros de sí mismos, caminando marciales sin sospechar que en la esquina de Diagonal y Bolívar, Tuqui los espera con una Quilmes Bock de litro en la mano y una manopla de hierro en el bolsillo. Treinta metros. Tuqui me dice: “Quedate atrás”. Veinte metros. Tuqui espera y relojea. Diez metros. Por fin los veo bien ¡Dios, son dos nenes! Cinco metros. Tuqui les sale al cruce. Un metro: Rambito y Rambón se encuentran inesperadamente con el enemigo.
Uno, el más petiso, un morochito que parece salido de un pool de Aldo Bonzo y no obstante lo cual cree fervientemente en la supremacía de la raza aria, se come una patada en el hígado, trastabilla, se repone, corre, escapa. Cuando pasa frente a mí veo que lleva el susto en la cara. El otro, más alto, más blanquito pero tampoco la pavada, no espera su turno y corre de entrada. Se le van a Tuqui, que los sigue unos pocos pasos al grito de: “¡Rajen de acá, nazis de mierda!”. Y corona la jugada revoleándoles la Quilmes Bock, que baja rápido, creo que porque le quedaba la mitad. El crash del vidrio contra el piso alerta a los productores de un comercial de BMW que creyeron que el sábado 19 de noviembre iba a ser un día tranquilo para filmar la zona. También alerta a la policía. Cuando el cana se acerca en su moto hasta la esquina donde seguimos parados, me doy cuenta de que ya no seguimos, sigo yo. Tuqui, el pelo rapado, remera negra, ganas de reventar fachos en donde pueda, ya desapareció. Yo me quedo pensando que después de dos meses de andar con ellos, es la primera vez que veo a un SHARP en acción.
Tuqui, el Mono, el Moko, el Negro, Mariano, Rodrigo, María, Sofía, son algunas de las caras argentinas de un movimiento que desde finales de los ochenta se conoce en todo el mundo como SHARP, que quiere decir Skinheads Against Racial Prejudice, que quiere decir skinheads contra el prejuicio racial, que podría también querer decir skinheads de los otros, antinazis, antifascistas, skinheads que no son lo que los medios masivos y el imaginario social vienen desde hace tiempo llamando skinhead.
Fragmento de la crónica escrita por Alejandro Seselovsky; del libro La Argentina Crónica, de Maximiliano Tomás. Págs 79 y 80.
Para quien quiera leer nota completa en la revista Rolling Stone: “Skinheads Antifascistas: el lado rojo de la fuerza”
Editado por Ever Casella a las 12:05 AM | Palabras: [ 619 ]
Archivado en: [ Taller de Lectura 2009 ]
Enlace permanente | Comentarios (0)




