Memorias de la lectura


chicos.jpg

El trabajo práctico "Memorias de la lectura" consiste en relatar alguna experiencia personal y significativa sobre la lectura. Por ejemplo, la primera vez que ingresaste a una librería o biblioteca, el primer libro que leíste o te leyeron, el libro que más te atrapó, etc.
Hay que pegar el trabajo en la sección "Comentarios" de este post, sin olvidar colocar el nombre. Ultima fecha de presentación: miércoles 11/6 y viernes 13/6 para las respectivas comisiones.


Texto motivador

Descubrimientos a la hora de la siesta

por Pablo Ramos


Empecé a leer de verdad a los 14 años. Yo trabajaba en la iglesia del barrio, como monaguillo y atendiendo la secretaría parroquial que funcionaba ocho horas por día, cortadas por la comida y la siesta. Fue durante esas horas de siesta, en las cuales yo me aburría como un hongo, que tomé contacto con mi primera novela, La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson. La elección había sido ni más ni menos que producto de una manera particular de respeto por la biblioteca del cura (biblioteca que no tenía ni un libro religioso): “Si vas a leer que sea ordenadamente”, me advirtió. Lo devoré en sólo dos siestas. Lo guardé en su lugar y tomé el segundo. Bajo el volcán de Malcom Lowry, lo que se dice un verdadero salto. ¿Qué me iba a imaginar que se escondía bajo un título tan prometedor? Me hubiera jugado el brazo derecho a que era de piratas en una isla a punto de estallar. Tesoros, explosiones volcánicas, espadas, cañonazos y un héroe que salía de todas gracias a su valentía, su cerebro y su buena suerte. Pero no, me encontré con las páginas enloquecidas de un borracho descomunal. Creo que no lo entendí del todo, al menos en las múltiples significaciones y planos que le veo hoy cada vez que lo releo. Pero el libro me cautivó igual o más que el anterior. Página a página seguí la aventura de este héroe diferente, excéntrico, enloquecido, que buscaba sentirse vivo y para eso no se le ocurría otra cosa que matarse a los botellazos limpios. Fueron nueve siestas de lectura exaltada.

Le siguieron El astillero y Los adioses, de Juan Carlos Onetti, Los cantos de Maldoror del Conde Lautremont, Lolita de Vladimir Nabokov, El hacedor, de Jorge Luis Borges, Los siete locos y Los lanzallamas de Roberto Arlt y muchos más. No sé si en ese orden, pero en un orden muy parecido. La biblioteca era de la mejor literatura del mundo. en la otra punta de la parroquia, en un estudio privado que no se usaba casi nunca. Hasta que un día el cura me sorprendió con un libro de Henry Miller (uno de sus Sexus, no me acuerdo cuál, pero que a decir verdad, me aburría bastante) me lo sacó y me dijo: “Esta biblioteca está prohibida”. Me dio Confesiones, de San Agustín: uno de los libros que más he releído en mi vida. El cura se cuidó, de ahí en más, de cerrar el estudio con llave, pero el demonio estaba desatado.

Pasaron los años y lo único que no dejé de hacer es leer. Leo todo lo que me atrapa y los libros me acompañan en cada momento de mi vida. En cana leí El que tiene sed, de Abelardo Castillo, y un cuento de Liliana Heker Don Juan de la casa blanca. Los dos lados del infierno tan temido. Tras tantas lecturas el mejor comienzo sigue siendo el del Evangelio de San Juan: “En el princio, el Verbo era”.

Publicado en Revista Ñ. Sábado 22 de Abril de 2006

Rosario, Pcia. de Santa Fe, Argentina, 06 de Junio de 2008
Editado por Victoria Arrabal a las 10:26 AM | Palabras: [ 598 ]
Archivado en: [ PRACTICOS ]
Enlace permanente | Comentarios (47)

Comentarios


Mi primera experiencia con la lectura.

Todo comenzó cuando era muy chiquita y fingía leerle cuantos a mi hermano. Mi mamá me contó que corría página tras página relatando lo que veía en las imágenes, y que mi hermano me escuchaba atento y asombrado.
Desde siempre tuve curiosidad por la lectura.
Hasta que después de leer muchos libros infantiles, cuando tenía 11 años leí un libro que marcó un antes y un después en mi vida como lectora. Ese libro fue “Crónica de una muerte anunciada” de García Marquez. Seguramente de preguntarán, ¿cómo puede una nena de 11 años entender un libro de esa naturaleza?, la respuesta es, no lo entendí. Lo leí una y otra vez, me frenaba en todos los capítulos, corría a preguntar cuando aparecían expresiones que no conocía, y llegue a la conclusión de que era imposible, que no había caso.
Muchos años después, en el colegio, una profesora nos propuso ese mismo libro como lectura obligatoria anual. Llegué a mi casa, entre a mi pieza, y ahí estaba. En la biblioteca, en la parte más alta, apilado con libros que nadie lee. Lo baje y enseguida comencé a recorrer las páginas, mire la tapa, y me dispuse a leerlo otra vez, sentía que esa vez, iba a ser distinta a las demás.
Leí todo el libro en ese mismo día, no porque faltaba poco para el examen, sino por la emoción de entenderlo. Párrafo por párrafo, página por página, todo lo entendía. Llegué al final y una inmensa alegría atravesó mi cuerpo, mi mente. Me sentía muy bien, había superado un obstáculo importante en mi vida. Me di cuenta que ninguna lectura es imposible, que todo es cuestión de tiempo. Lo importante de leer es reflejarse en lo que se lee, poder mezclar la riqueza de los textos con nuestras experiencias personales, sentir que esa historia se nos asemeja, y nos deja una enseñanza. Definitivamente la primer experiencia que tuve con ese libro no fue la mejor, simplemente porque no era el momento, no tenía los conocimientos necesarios. Pero la lectura te alimenta, te nutre, es como una avanzar escalones, te llena de saberes que hacen que puedas pasar a un nivel superior, a otro escalón más. Como esta historia que acabo de confiarles tengo muchas otras, de libros que marcaron mi vida, que me hicieron releerlos una y otra vez, pero creo que les relaté la más importante. La que me hizo entender que nada es imposible, que todo tiene su tiempo. Espero que les guste y les sirva para algo.

Iturriaga Rocío. Comisión 7. Redacción I

Publicado por: Rocío Junio 7, 2008 5:39 PM

a

Publicado por: a Junio 8, 2008 11:21 PM

Anabel Gutiérrez
Comisión 7
Redacción 1
Trabajo Práctico "Memorias de la lectura"


Recuerdo muy bien el primer libro que me leyó mi papá.
Todo comenzó cuando vivíamos los dos solos en Victoria, Entre Ríos hace un par largo de años, el era jefe de correos y vivíamos en la casa de familia arriba del correo, la casa era enorme y fría y como yo era chica de edad, y al vivir en una casa tan grande y solitaria, tenia terror al ir a dormir de noche. Entonces le decía a mi papá que se quede mirando la televisión así yo me podía dormir con tranquilidad al saber que el estaba levantado.
Eso funciono por un tiempo hasta que cansó de quedarse levantado hasta tarde. Así fue que todas las noches, yo me acostaba en mi cama y el me empezó a leer un libro, El Principito mas exactamente, todas las noches lo leía y me lo explicaba para que yo pudiese entender mas fácilmente de que lo se trataba. Era tan emocionante cuando lo leía que esperaba todas las noches con esa ansiedad para que siga leyendo un poco más.
Cuando termino de leerme el libro completo, como me había gustado tanto, lo volví a leer, pero esta vez yo sola, todo el tiempo, y lo llevaba a todos lados, se lo leía a mis amigos y familiares, me había atrapado totalmente.
Hasta que, mucho tiempo después, encontré otro libro, que, hasta el día de hoy no puedo dejar de ojearlo. El libro de los abrazos, de Eduardo Galeano, me trae recuerdos muy lindos porque siempre con una amiga, iba a una placita cerca de mi casa en Paraná y leía con ella todos los poemas que a cada una nos gustaba más, nos sentíamos identificadas con algunos. Con otro libro, también de Galeano, Bocas del tiempo, teníamos ganas con esta amiga, ya que a ambas nos atraía mucho este escritor, y sus libros, tatuarnos el dibujito que esta en la tapa de este ultimo. Me pareció muy lindo y a ella también, ya que ese dibujito tiene forma de una personita con los brazos abiertos, a mí entender.

Publicado por: anabel Gutierrez Junio 9, 2008 4:20 PM

Marcia Abramovich
Comisión 7
Trabajo Práctico: "Memorias de la lectura"


Mi primera experiencia no la recuerdo. Aunque desde muy chiquita me gustó leer, no recuerdo cuál fue el primer libro que leí. Sí recuerdo que siempre me gustaron las novelas, pero nunca quise leer nada de ciencia-ficción, de fantasía, no me gustaba, le tenía, sin saber por qué, algún tipo de rechazo a ese género.
Tenía alrededor de 11 años, y una amiga, que tenía el mismo gusto que yo para la lectura, me dijo que le habían regalado dos ejemplares de “Harry Potter y La Piedra Filosofal”, y me ofreció uno. En ese momento, claro está, Harry Potter no tenía la repercusión que tiene hoy, y yo, negada a leer nada que no fuera “real”, me negué (valga la redundancia) rotundamente. Mi amiga insistió, argumentando que a ella tampoco le gustaban las historias fantásticas, pero que ésta era una excepción, que estaba muy buena, que me iba a encantar. Acepté a regañadientes y empecé a leerlo, solamente para poder, después, demostrarle a mi amiga, que yo tenía razón, que no me iba a gustar... ¿Por qué iría de hacerlo si nunca me habían gustado las novelas fantásticas? Y ella aceptó: “Leelo y después me decís, vas a ver que tengo razón”.
Y así fue. No solo tenía razón, si no que tenía toda la razón del mundo.
Aunque al principio no entendía nada, lo terminé leyendo en dos días. Y así me pasó con todos los títulos de Harry Potter que siguieron. Del primero al último. Los iba comprando a medida que iban saliendo, y no los leía, los “devoraba”. Tanto es así, que hoy, que ya está completa la saga, debo admitir que los leí todos varias veces, y que los dos últimos, por no esperar a que fueran publicados en castellano, los leí primero en inglés (teniendo en cuenta que para esto, tuve que afrontar el gasto que significa comprar, no sólo uno, si no dos ejemplares de cada uno).
Esto me enseñó, que antes de decir que un género, un autor, o una historia no nos gustan, primero hay que leerlos, ya que negándose a hacerlo, sin alguna razón válida (tal y como hacía yo), nos podemos estar perdiendo algo fascinante, algo que realmente valía la pena.


Publicado por: Marcia Abramovich Junio 9, 2008 5:51 PM

Nombre: Florencia Bracalenti
Trabajo: Memorias de la lectura
Comisión: 7


Cuando era pequeña los libros me atraían únicamente si tenían dibujos y colores (como a la mayoría de los chicos). Tenía una gran colección que comencé a entender con ayuda de mi mamá que me los leía. Los que no me leía también eran ojeados por mí. Me gustaba inventar lo que podía estar pasando de acuerdo a los dibujos y relatarlo en voz alta cuando nadie me escuchaba.
Recuerdo una colección que mi mamá guardaba de cuando ella era niña. Los ejemplares se habían mantenido en buen estado dentro de todo, a pesar de los años que tenían. Simplemente a algunos les faltaba la tapa o algunas hojas.
Eran cinco libros con cuentos de cinco autores extranjeros diferentes. Los cuentos eran de diversos géneros. Algunos de príncipes y princesas, otros cuyos protagonistas eran animales, niños, ancianos, etc. Yo podía pasar horas mirando sus dibujos e imaginando múltiples historias. Todos eran de distintos colores.
Podía verlos tranquilamente a cada uno menos al amarillo. El amarillo (que no me acuerdo de que autor era) contenía un cuento que tenía un horrendo dibujo de una rata con una temible expresión de maldad en su cara llena de arrugas. El dibujo era enorme, ocupaba toda una página, y la rata tenía sus ojos fijos en mí. Bastaba con que yo mirara el lomo amarillo asomándose en el estante para perder el sueño y temblar de miedo.
Cuando empecé a leer sola pude quitarme muchas dudas acerca de esos libros, pero la que más me intrigaba era la que guardaba aquel tomo amarillo. Lo leí atemorizada. No tengo presente la exacta trama del cuento, pero si que su protagonista era una niña que en algún momento se asustó al encontrarse con la rata, lo que las páginas no mostraban en sus dibujos era que finalmente el roedor resultaba ser una criatura bondadosa y con la niña se hacían grandes amigas.
De esa manera le perdí el miedo a aquel libro y hoy el color amarillo es mi favorito. No creo que tenga nada que ver pero es una casualidad que siempre llamó mi atención.

Publicado por: Florencia Junio 9, 2008 11:41 PM

NOMBRE: Lisandro Juan Ramos Calandri.
REDACCIÓN 1.
COMISIÓN 7.
TRABAJO: “Memorias de la lectura”.


Siendo chiquito me encantaba que me leyeran cuentos. Hojear las páginas, mirar las imágenes, imaginar historias. Los libros, para mí, eran enigmas a develar, contenían secretos, transformaban mi mirada respecto del mundo y mi interioridad; me permitían apartarme de la urgencia del día. Me daban una forma de felicidad.
¿Cómo me convertí en un lector? En los encuentros con los otros; y claro está, en los encuentros con los libros. Alguien de mi familia me transmitió mágicamente, desde niño, la idea de que los libros encierran mundos a los que vale la pena ingresar.
•Pinocho;
•Caperucita roja;
•El patito feo;
•La bruja Berta, de Korky Paul y Valerie Thomas;
•El Principito, de Antoine De Saint-Exupéry;
•Cuentos de la selva, de Horacio Quiroga;
•El fantasma de Canterville y El príncipe feliz, de Oscar Wilde;
•El Extraño caso del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde, de Robert L. Stevenson.
Ellos fueron algunos de los libros de la niñez y la primera adolescencia que marcaron mi relación con la literatura. A tal punto que cuando vuelvo sobre otros libros aún quiero encontrar aquellas evocaciones, emociones y pensamientos de esas primeras lecturas.

Ramos Calandri, Lisandro Juan.

Publicado por: Lisandro Ramos Calandri Junio 10, 2008 11:01 AM

ijuvfhus

Publicado por: Junio 10, 2008 2:17 PM

Vitta, Ma.Victoria
Redacción 1
Comisión 7
"Memorias de la lectura"

Era domingo. Si, definitivamente era domingo. Una mañana soleada, de eso no me olvido más. Estaban pintando mi pieza (de blanco, por cierto) y yo estaba, por el momento, pasando mis noches en un colchón sobre el suelo de la habitación de mis hermanos.
Por ese entonces, yo tenía 10 años, pelo corto y comenzaba a experimentar el gusto por la literatura. Todas las condiciones eran perfectas para que ese día culminara la lectura del único libro cuyo final recuerdo.
El libro era en sí un final, el séptimo de una serie de crónicas fantásticas, protagonizado por un león, unos cuantos reyes y algunos seres fantásticos y dueño de los paisajes más hermosos que mi imaginación haya visitado.
Era innegable que ese libro cobraba vida cada vez que lo tenía entre mis manos. Me hubiese gustado pensar que era yo la poseedora de ciertos poderes mágicos que animaban las páginas de ese objeto inanimado, pero con el tiempo descubrí que se daba el caso contrario, era aquél (como tantos otros después) el que animaba y daba vida a mi mente.
Sin embargo, no todo era tan agradable y hermoso, las páginas que mis ojos recorrían una y otra vez expedían un aroma nauseabundo, “olor a viejo” solían llamarlo, aunque nunca conocí a nadie que oliera de forma igual. Supuse que las mismas fibras que le daban ese particular color amarillento eran las causantes del hedor. Hoy lo sigo suponiendo, aunque ya no siento “olor a viejo”, me gustaría llamarlo “olor a sabio” y lo considero un atributo invaluable en la literatura.
Así fue mi primera experiencia, una fantástica mañana soleada de domingo.
El libro se llama “La última batalla” y pertenece a la heptología de “Las crónicas de Narnia”, narradas por C.S. Lewis.
Más adelante dejé de un lado la literatura fantástica, y los cuentos policiales fueron el escalón previo a las novelas de García Márquez y Cortázar.

Publicado por: Victoria Vitta Junio 10, 2008 2:38 PM

Britez, Mayra
Redacción 1
Comisión 7
Memorias de lectura


Recuerdo cuando era chiquita, tenia una colección de cuentos la mayoría se trataban de princesas que conocían a su príncipe azul, se casaban y eran felices para siempre. También, de animalitos como el que me leían mis papas todas las noches antes de dormir, se llamaba “Chipio” que trataba de un pajarito que se peleaba con todos y luego se amigaba con todos, sinceramente no recuerdo el motivo. Pero para mi era especial, sin ese cuento, no podía dormir. Me gustaban mucho los cuentos que venían con los dibujos donde se podía pintar. Me divertía también contando historias que a mi se me ocurrían, tanto en la escuela como a mis papas. Con el trascurso del tiempo, me siguen gustando los cuentos. Pero los que tratan acerca de la realidad, hace poco en la secundaria me toco leer un cuento que me impacto, se llama “Cruzar la noche” y cuenta la historia de una chica que busca a sus padres que desaparecieron en la dictadura, es muy interesante y a mi me gusto mucho porque me hizo entender muchas cosas.

Publicado por: Mayra Britez Junio 10, 2008 9:17 PM

Joaquín Martinez
Redacción I
Comisión 7
Trabajo: “Memorias de lectura”

No es mi primera experiencia con la lectura, pero fué algo que me marco. Recuendo un día (yo tenía alrededor de 4 o 5 años), que acompañaba a mi abuela a hacer un mandado. Caminando por el centro de la ciudad Colonense, de pronto quede imnotizado frente a la vidriera de un local. Había visto el primer libro que quería, que deseaba tener, se llamaba “Dulce navidad”. La nona me preguntaba que pasaba, pero yo seguía firmemente quieto y sin hablarle. De repente, se abrió la puerta del local, y de tán concentrado que estaba mirando el libro a través de la vidriera me asuste. Agarrandole fuerte la mano a mi abuela, ví como se asomaba de la puerta una señora mayor. Curiosamente, dicha señora, saludo por su nombre a mi abuela, y mi abuela a ella. De charla en charla entre señoras mayores (más chusmerío que charla), y, yá mas tranquilo, me dedique solamente a observar tal preciosura. Hasta que en un momento, la conversación se interrumpió, y con una sonrisa en la cara, la señora me pregunto qué era lo que observaba con tanto asombro. Mirandola a los ojos, le señalé el libro. En ese instante, la señora ingresó al local, y me señaló el libro. Haciéndole un gesto de afirmación con mi cabeza, la señora lo agarró, y sin pedir autorización alguna lo trajo hasta el lugar en que yo me encontraba. Asombrado por tal suceso, me quedé observando a la señora, qué, con mucha cautela, me entregó el libro en las manos. Sin saber que decir, me quedé mirando a mi abuela y a la señora. Mirándome a los ojos me dijo que el libro era un obsequío hacia mi persona. Con la sonrisa de oreja a oreja, y más precisamente con el libro en mano, le dí un saludo y un beso de agradecimiento a la señora (la cuál me aclaró que era la dueña del local), y de la mano de la nona, volví a mi casa para que me lean el libro que tanto había deseado tener.

Publicado por: Joaquin Martinez Junio 10, 2008 9:49 PM

A

Publicado por: Junio 10, 2008 10:02 PM

MARTIN OLLACARISQUETA
REDACCIÓN 1
COMISIÓN 7
"MEMORIAS DE LECTURA"

Cuando era pequeño, mi papá nos inventaba historias con respecto a mis hermanos y a mi, de lo que hacíamos en el día, si nos portabamos mal, si haciamos algo travieso o si uno de nosotros no se encontraba porque se iba a paraguay con mi mamá durante un fin de semana. De esto no me acuerdo mucho pero me contaron que era así y siempre con respecto a nosotros.
En la primaria no leía cuentos, lo unico que me fascinaba y leía eran los albums de fuguritas, como de Dragon Ball (teniamos como cuatro), de los Power Rangers, que contenían su historia aparte de las figuritas.
Tambien teníamos albums del futbol argentino, y me acuerdo que de Central nos moriamos por conseguir todas y si nos tocaba alguna de NOB las cambiabamos enseguida o las rompíamos.
Durante la secundaria leí varios libros, Relatos de un náufrago y Crónica de una muerte anunciada, ambas de G.G. Marquez, Cumbres Borrascosas y varios cuentos del negro Fontanarrosa y Borges. Pero la que más me atrajo fue Antígona, de Sófocles, ésta es una tragedia griega que tiene todos los condimentos, guerras, amor, traición, muerte, etc. Pero te deja una enseñanza muy buena, que tenés que luchar por las cosas con las que no estas de acuerdo y superar los obstaculos que te plantea la vida, igual que lo hizo Antíogona.

Publicado por: Martin Ollacarisqueta Junio 10, 2008 10:37 PM

Ayelén Muzzio
Comisión 7
Redacción 1
Trabajo Práctico "Memorias de la lectura"

Cuando quiero recordar que fue lo primero que leí me vienen a la cabeza todos esos pequeños libritos de Dinsey. Recuerdo que amaba ver los dibujos del libro de la selva y me divertía muchísimo escucharla a mi mama leyéndomelos.
Pero tiempo después cambié lo libritos de Dinsey por el libro que, creo yo, fue el que marcó un determinado estilo de lectura en mí. Tenia cerca de 10 años cuando descubrí en mi abandonada y solitaria biblioteca (repleta de manuales del colegio, apuntes y fotocopias, entre portarretratos) un libro que me llamó la atención por una simple tapa amarilla, con un dibujo que parecía hecho por un niño de 3 años, pero sin embargo eso fue lo que me llevó a leer “Socorro Diez y otros cuentos” (de Elsa Bornemann).
No es una novela, es una antología de cuentos de terror y ciencia ficción para niños. El cuento que siempre recuerdo, es el que mas me costó terminar de leer porque me daba mucho miedo, sin embargo no quería dejarlo, no quería terminar el libro con la intriga de saber si todo había sido producto de la imaginación de Aretha o si de verdad fue el fantasma de Ilenka quien la había matado, si Bugui tenia algo que ver o había sido todo un juego que le había hecho Ilenka para vengar su asesinato. Pretendía que el libro y sus cuentos no terminasen jamás pero cuando llegué a las últimas páginas, esperando encontrarme el índice con el nombre de cada una de las historias (entre ellas “La Baby-Sitter”) encontré una pequeña poesía de la autora que calmó mis ansias de lectura al encontrarme con un “Hasta pronto”.
Luego de unos largos años sin leer libro alguno, siendo que mi mama no me compró ninguno de los cuentos que continuaban a los que había leído, decidí adentrarme en otra rama de la literatura. Tenía alrededor de 15 años cuando leí la primer novela, “El síndrome Pinocho”. Un libro donde se muestra como la política pone en juego muchas cosas que pueden afectar a la sociedad sin importar los riesgos, con el afán de conseguir beneficios. Por ejemplo en la novela se plantea el surgimiento de un virus que es usado como amenaza y desde ese punto se va desarrollando todo lo que le sigue, dándole al libro una fascinante intriga.
Tiempo después le siguieron libros tales “La profecía”, “El código Da Vinci”, “Operación Masacre” de Rodolfo Walsh, una serie de cuentos de Agatha Christie, que, junto a aquellos que empecé y jamás terminé, fueron los que me dieron el pie para iniciarme en el camino a la lectura.

Publicado por: Junio 10, 2008 10:58 PM

Ayelén Muzzio
Redacción I
Comisión 7
Trabajo: “Memorias de lectura”

Cuando quiero recordar que fue lo primero que leí me vienen a la cabeza todos esos pequeños libritos de Dinsey. Recuerdo que amaba ver los dibujos del libro de la selva y me divertía muchísimo escucharla a mi mama leyéndomelos.
Pero tiempo después cambié lo libritos de Dinsey por el libro que, creo yo, fue el que marcó un determinado estilo de lectura en mí. Tenia cerca de 10 años cuando descubrí en mi abandonada y solitaria biblioteca (repleta de manuales del colegio, apuntes y fotocopias, entre portarretratos) un libro que me llamó la atención por una simple tapa amarilla, con un dibujo que parecía hecho por un niño de 3 años, pero sin embargo eso fue lo que me llevó a leer “Socorro Diez y otros cuentos” (de Elsa Bornemann).
No es una novela, es una antología de cuentos de terror y ciencia ficción para niños. El cuento que siempre recuerdo, es el que mas me costó terminar de leer porque me daba mucho miedo, sin embargo no quería dejarlo, no quería terminar el libro con la intriga de saber si todo había sido producto de la imaginación de Aretha o si de verdad fue el fantasma de Ilenka quien la había matado, si Bugui tenia algo que ver o había sido todo un juego que le había hecho Ilenka para vengar su asesinato. Pretendía que el libro y sus cuentos no terminasen jamás pero cuando llegué a las últimas páginas, esperando encontrarme el índice con el nombre de cada una de las historias (entre ellas “La Baby-Sitter”) encontré una pequeña poesía de la autora que calmó mis ansias de lectura al encontrarme con un “Hasta pronto”.
Luego de unos largos años sin leer libro alguno, siendo que mi mama no me compró ninguno de los cuentos que continuaban a los que había leído, decidí adentrarme en otra rama de la literatura. Tenía alrededor de 15 años cuando leí la primer novela, “El síndrome Pinocho”. Un libro donde se muestra como la política pone en juego muchas cosas que pueden afectar a la sociedad sin importar los riesgos, con el afán de conseguir beneficios. Por ejemplo en la novela se plantea el surgimiento de un virus que es usado como amenaza y desde ese punto se va desarrollando todo lo que le sigue, dándole al libro una fascinante intriga.
Tiempo después le siguieron libros tales “La profecía”, “El código Da Vinci”, “Operación Masacre” de Rodolfo Walsh, una serie de cuentos de Agatha Christie, que, junto a aquellos que empecé y jamás terminé, fueron los que me dieron el pie para iniciarme en el camino a la lectura.

Publicado por: Junio 10, 2008 10:59 PM

me voy a sacar las ganas de felicitar a vitta ma.victoria porqe me gusto mucho su texto....bueno ahora si puedo plublicaro el mio

Publicado por: Lucía Junio 11, 2008 12:52 AM

Acebal Lucía
Redacción 1
Comisión 7
Trabajo Práctico 11: “Memorias de Lectura”
Fecha: 11/06/08

Si lo tuviera en frente le preguntaría cómo hace, cómo es que consigue dejarme con la boca abierta cada vez que lo leo.
El primer cuento corto con el que me encontré de su autoría fue “La continuidad de los parques”, no son más de 3 hojas, pero en esas 3 hojas paseas por la casa del personaje principal y hasta lees la novela que él está leyendo. El final no puedo explicarlo. Recuerdo que cuando lo terminé quedé impresionada, tuve que leerlo una vez más para corroborar la excelencia de ese relato.
El siguiente cuento que elegí del libro fue “La noche boca arriba”. Me comprometí a tal punto con este relato que me sentí parte de él, sufrí los mismos dolores que el personaje, soñé sus mismas pesadillas…
Estos dos cuentos fueron para mí los más importantes del libro “Final del Juego”. La primera vez que lo leí fue hace unos 4 años, lo elegí por azar, como hago con todos los libros. Pero este terminó convirtiéndose en mi predilecto y de vez en cuando vuelvo a hojearlo
Todavía no entiendo cómo por medio de simples palabras me hace a mí, su lectora, una parte imprescindible del relato, una lectora protagonista y activa. Me resulta más que imposible leerlo a la ligera.
Después de “Final del Juego” sentí la necesidad de seguir leyendo sus libros, después necesité leer otros autores y así fui creciendo… por esto considero que Julio Cortazar fue decisivo en mi trayectoria como lectora y lo conseidero mi escritor por excelencia

Publicado por: Lucia Junio 11, 2008 12:54 AM

Sofía N. Maidana

Redacción I
Comisión 7

Trabajo Práctico: Memorias de Lectura

Como si fuese alguna clase de actriz, durante mucho tiempo (muuuucho tiempo, así, con muchas “u”) mi vida no es mi vida sino la vida de los otros. Un extraño proceso de desprendimiento hace que, en cuanto abro un libro, me transforme en alguien ajeno a mí misma, pero a la vez tan “yo” como lo soy ahora, mientras escribo estas palabras. Sin saber muy bien cómo me convierto en ese personaje que por alguna razón llegó a lo más profundo de mi ser y se mimetizó conmigo, insolentemente, sin que yo le diera permiso para hacerlo.
Así, recuerdo que la primera lectura que me marcó fue “Mujercitas”, leída al poco tiempo de comenzar la escuela primaria… A las pocas páginas de empezar a leer ya sabía que desde ese momento y hasta llegar al fin de la novela yo no sería yo sino Jo, la escritora, la fuerte de esas cuatro hermanas que luchaban contra la vida en épocas de guerra…
También fui detective, enamorada, doctora en el medio del África Oriental Británica, arqueóloga, policía, madre, hermana, visionaria, innovadora… di la vuelta al mundo en 80 días (79, para ser más exactos), fui la doncella del Tigre de Malasia, tuve un anónimo protector al que le escribía cartas desde la universidad, llegué el centro de la tierra y a la luna, fui princesa de Austria-Hungría, recorrí el Támesis en bote con dos amigos y un perro, cuidé una rosa en un planeta lejano, volé en escoba mágica y en el lomo de un perro gigantesco y blanco como la nieve escapando del avance de la nada, entré a través de un ropero a un mundo increíble, desentrañé misterios en Londres en compañía de un inocente ayudante, descubrí por qué matar es fácil, me enfrenté a los más poderosos miembros de la Iglesia, fui psicoanalista y psicoanalizada, fui elfo y luché contra orcos monstruosos, anduve por la vida encerrada en una armadura oxidada y cuidé una planta de naranja lima, entre muchas, muchas otras cosas más… Leer era la llave que me permitía escapar de esta existencia limitada y zambullirme plenamente en otra más amplia, quizás hasta infinita, en la que podía hacer (pero, más importante, podía ser) todo lo que yo quisiera. No importaba si se trataba de una mujer o de un hombre, ni la edad ni la importancia del personaje dentro de la historia. Sólo tenía que movililzarme para que comenzara ese mágico proceso que, aún hoy, sigue sucediendo cuando leo una novela.
Este fenómeno entraña para mí un misterio inmenso que, por otro lado, no me preocupa develar, porque forma parte de la belleza y de la magia que para mí encierra la lectura. A medida que avanzo por los caminos de tinta y papel, el personaje se “mete en mí” (porque no creo que sea yo la que “se mete en el personaje”), y entonces soy él en cuerpo y alma. Ni siquiera hace falta cerrar los ojos (lo que, por otro lado, es bastante difícil de hacer mientras se está leyendo) para descubrir el mundo en el que el personaje, ese otro yo, está viviendo. Porque no hay que imaginarlo, hay que sentirlo. Cuando leo no imagino los paisajes ni los ambientes, ni tampoco veo como en una pantalla a los personajes amando, sufriendo, riendo, gritando, temiendo o experimentando paz… Cuando leo siento en todo mi ser cada una de esas emociones. A veces mi mamá me pregunta desde la otra habitación de qué me estoy riendo o mi hermana me interroga acerca de la causa de mi llanto, y la respuesta suele ser un simple “¡Estoy leyendo!”, medio explicación, medio reproche por haber interrumpido mi paseo por ese universo paralelo.
No crean que esto que me sucede porque lo deseo, porque lo busco o porque lo provoco. No, de ninguna manera. Siento lo que siento porque surge, incontenible, desde dentro mío, como si fuese lo más natural del mundo (y, ¿acaso no es natural buscar cumplir nuestros sueños y saciar nuestra ansia de vivir aventuras y de conocer cosas nuevas a través de esas personas de tinta que se escapan de la hoja y nos invaden?)
Porque ese desprendimiento ocurre, porque ese dejar de ser yo sin dejar verdaderamente de serlo ocurre, es por lo que vale la pena leer. Porque cuando la realidad cotidiana se vuelve mentira y la mentira literaria, real, la literatura está funcionando como esa válvula de escape que permite huir del día a día pero también, a veces, de uno mismo. Y porque cuando uno puede dejar de pensar para sentir, acaba sintiéndose lleno, completo, satisfecho, aunque sea por un breve instante.
Pero leer no sólo me permitió (y me permite a cada instante) conocer otros mundos, sino que también generó en mi una inquietud maravillosa que me moviliza: la de escribir. Tanto me reinventan los personajes creados por otros que, al final, terminé queriendo reinventarme a través de personajes creados por mí, reinventarme a mí misma. Y que otros se sientan atrapados por eso cuya creadora soy yo… en realidad, no sólo yo, sino la esencia de todos esos añorables personajes que viven en mí.

Publicado por: Sofía N. Maidana Junio 11, 2008 11:23 AM

sofi me encanto... muy lindo.
de verdad que escribis muy bien..

Publicado por: Daniela Junio 11, 2008 12:56 PM

Flavia Montanaro

Redacción I

Comisión 7

Trabajo: “Memorias de lectura”

Cuando me dijeron la consigna de este trabajo me pareció por de mas de interesante, ya que una de las cosas que más me apasiona hacer desde chiquita es leer. La lectura no me fue inculcada con mucho fervor desde mis padres o alguien en particular, fue simplemente deseo y curiosidad mía el iniciarme en esta practica. Alrededor de los ocho años me devoraba los Anteojitos y cualquier librillo de cuentos que la revista traía, luego comenzando mi adolescencia y terminando mi pubertad mi inquietud fueron las novelas, aunque seguí firme en el interés por los pequeños relatos. Al leer cada año mas la cabeza se te va abriendo cada vez mas, y a mis ojos comenzaron a venir Isabel Allende con su maravillosa “Amor y de sombra”, Borges, Sabato, hasta el mismísimo Dostoievski y pude descubrir al autor que jamas dejare de leer, por mas que vuelva a repetir sus títulos: el maravilloso Julio Cortazar.
En este descubrimiento constante que es la literatura pude enamorarme, como odiar a diferentes personajes, admirar a grandes escritores, desechar a otros. Pero mediados los 17, mi hermana a quien yo respeto muchisimo en su cualidad de lectora, me recomendó una novela biográfica llamada “Amor y anarquía”, de Martín Caparros. Allí descubrí lo que es cautivarse, y adentrarse tanto en una historia de manera de sentir en el cuerpo lo que estaba en aquel libro escrito. Quizás, al ser una biografía pudo llegarme aun con mayor profundidad, pero lo que más me intereso es la historia en si, la identificación con el personaje y descubrir tras ese libro como las historias heroicas de vida pueden volar como el viento
“Amor y anarquía” relata la vida de Soledad Rosas, que fue una joven de clase media porteña que vive un proceso de búsqueda constante de su personalidad, de sus intereses, de su ideología. En esa búsqueda “la Sole” se da cuenta que nada tiene que ver con la gente que la rodea, experimenta grandes amores como grandes emprendimientos, se enfrenta a su familia para dar cuenta que su meta es la lucha por un mundo mejor. Es así como decide viajar a Italia y es allí donde se radica con los ocupas anarquistas de Turín y encuentra su verdadero entorno, comienza a crecer espiritual y mentalmente de manera muy veloz. Al poco tiempo ya empieza a manifestarse como anarquista y lo hace junto a sus nuevos compañeros, inicia la lucha con ellos. De tal manera llego a compenetrarse con el ideal, que la Sole paso a ser una niña modesta de Barrio Norte a ser una de las “terroristas” mas buscada de Italia. El final de este libro me demostró la firmeza del ideal en una persona, la entereza y la incorruptibilidad; Soledad muere por su propia cuenta diciendo el tiempo y la forma, nadie iba a disponer de su vida, solo ella. Las sensaciones que quedaron en mi fueron múltiples y los días en el que termine de leer ínfimos, me atrapo, me enseño y me cautivo.


Publicado por: Flavia Junio 11, 2008 1:09 PM

Redacción 1
Comisión 7
Julián Galassi
Trabajo “Memorias”

Debo agradecer a mis padres en primer lugar por infundirme luego de tanta lucha el hábito de la lectura.
Desde los primeros cuentos que mi madre me leía, que eran los clásicos (El Lobo y Los Tres Chanchitos, Gulliver en Lilliput, El flautista de Hamelin, Pulgarcito, etc.), hasta los primeros libros que leí por mi cuenta hubo un tremendo esfuerzo de mis viejos, por meterme en la cabeza que leer estaba bueno. Yo casi siempre me mantuve al margen. De vez en cuando encontraban un librito que me gustaba pero siempre rechazaba las nuevas obras literarias que me regalaban. Teniendo incorporada la cultura del videojuego, de chico leer un libro me parecía la mejor manera de perder el tiempo de diversión. Pero a uno tarde o temprano le agarran las ganas de meterse en el ámbito. Es así, o por lo menos conmigo. El momento en el que empecé a leer fue aquel en el que sentí que era una buena experiencia, que me acercaba a muchas cosas nuevas, y que poco a poco te va divirtiendo cada vez más.
Leía los resúmenes de cuentos clásicos con dibujos que me proporcionaba la revista “Genios”. Revista que mi padre siempre me compraba todos los meses. Ahí me hice amigo de algunas novelas conocidas y por demás interesantes como “20.000 Leguas de Viaje Submarino”, “Moby Dick”, “Frankestein” o “Drácula”,entre otros.
También fui aficionado (como la mayoría) de las tiras cómicas. En mi caso en particular me lleve muy bien con la revista que relataba las andanzas de “Condorito”, cuyos chistes aun hoy me sacan una carcajada.
Pero recién mi primer experiencia seria con la lectura se produjo aproximadamente a los 12 años. Luego de haber leído un libro recomendado por mi viejo del Negro Fontanarrosa, llamado “Puro Fútbol”, había dejado de leer por un tiempo pese a que el libro fue muy bueno y de por más gracioso. Como solución a la brutal sequía, mi madre (como muchas) decidió obsequiarme el comercial libro “Harry Potter y la piedra filosofal”, que, por ese entonces estaba en sus comienzos y se hablaba muy bien de él debido a la repercusión que había tenido en el país de la autora y en todo el continente europeo. Repercusión que venía contagiándose por todo el mundo. Pese a toda la publicidad que mi madre le dio al libro, yo no accedí a leer más que un capítulo. Así volví a mis andanzas: fútbol y videojuegos.
Tal vez haya tardado mucho en comenzar a leer, o no sea un apasionado con todas las letras, pero lo que sé es que el principal motor para que se me introdujera el hábito fue la obligación.
Luego de unos meses de que la producción de la escritora inglesa J.K. Rowling permaneciera en mi estantería, me vi obligado a retomarlo por disposición de la profesora de Lengua de la escuela primaria, quien decidió que para cerrar el año (y las notas también), sus alumnos deberían leer el libro completo “Harry Potter y la piedra filosofal”. Yo con orgullo dije ridículamente para mis adentros: “yo lo tengo y leí un capítulo”.
Así que comencé a leerlo con mayor profundidad pero con cierto desencanto. Obviamente potenciado por el pésame que podría darle a uno cualquier tarea escolar de escuela primaria. Pero poco a poco el libro se fue tornando cada vez menos aburrido, luego no aburrido, luego un poco divertido, luego divertido, luego muy divertido, y hasta llegó a ser apasionante. Fue así como cumplí con la tarea asignada por la profesora, aprobar la materia y hacerme compinche de algo hasta entonces bastante distanciado de mí, un libro.
Cabe destacar que para muchos (y en algunos puntos me incluyo), las historias del aventurero mago y sus amigos son considerados como “literatura chatarra” o “libros comerciales”, que no tienen otro fin que, finalizado el libro, seguir leyendo ese tipo de obras. Y en parte es verdad, yo luego de leer Harry Potter, leía o Harry potter o libros como ese. Pero no puedo negar la importancia que tubo en la incorporación de la lectura como hábito en mí. De la “literatura chatarra” pude saltar a los best- seller (algunos considerados de la misma calaña que los anteriormente nombrados), de los best-seller pude pasar a algunas obras literarias, de algunas obras literarias pude pasar a los ensayos, de los ensayos pude pasar a los libros de investigación y así continuamente. Proceso que hoy en día es circular. Yo sigo leyendo todo tipos de libros.
En síntesis fue el comienzo de algo “grande”. Dada mi edad y mis conocimientos no puedo jactarme de mi intelectualidad en decir que las obras de J.K. Rowling son “literatura chatarra”. Esas son palabras que se toman de gente que vive del análisis de libros y/o su escritura, y tal vez los más pibes como nosotros les seguimos la corriente por el hecho de ser los profesionales en el tema. Es lo lógico, tomarle la palabra a los que saben. Podemos leer como escritores, y decir que la lectura de estas obras “irreales” no nos deja nada en absoluto. Si yo en mi caso particularmente me atrevo a afirmar eso, estaría atacando el motor principal de mi “máquina de lectura”, criticaría mi punto de partida en el cual yo comencé a recorrer el apasionante camino del lector.
La verdad que la producción de la autora inglesa puede ser chatarra, puede que no nos deje nada concreto en la cabeza, pero la influencia positiva en la lectura que ha tenido en mí y en otros muchísimos niños del mundo es irrefutable.

Publicado por: Julián Galassi Junio 11, 2008 1:14 PM

Ana Clara Borga
Redacción I
Comisión 12
TP Nº 12 "Memorias de la lectura"


No recuerdo cual fue el primer libro que leí, no por falta de memoria, sino que han sido tantos que no recuerdo el orden. Nací en el seno de una familia de lectores apasionados y, por supuesto, heredé este aspecto de mis padres, que sembraron en mí el amor a la lectura.

Cuando todavía no aprendía a leer, mi mamá nos leía, a mis hermanos y a mi, antes de ir a dormir un libro enorme de tapa amarilla lleno de dibujitos: “Festival de cuentos famosos”, y así, entre sueños, conocí a mis compañeros de aventuras: Caperucita Roja, Patito Feo, la Reina de la Nieves, Hansel y Gretel, Alicia, Cenicienta, Pulgarcito, Simbad, al Gato con Botas, Peter Pan, Ricitos de Oro y a otros muchos personajes que alejaban de mis sueños a las pesadillas.

Cuando comencé a leer sola, me atraparon unos viejos tomos de “Elige tu propia Aventura” y viéndome tan entusiasmada, mi papá me compro unos cuantos ejemplares más. Con el tiempo, me aburrí de este género y decidí pasar a los cuentos de terror, mi biblioteca se vio atestada de la colección “La Calle del Terror” que devoraba completamente en una siesta.

Un día, me llamó la atención un libro que estaba en los estantes más altos de la biblioteca, esos que nadie lee, un poco fuera de mi alcance. En esa época yo tendría unos 10 años de edad. Me subí a un banquito y lo agarré. La tapa mostraba un desierto y las letras del título y del nombre del autor tenían relieve. “El Alpinista”. Enseguida me puse a leer, esperando encontrar muchas aventuras y acción. Pero no. Al terminarlo, no entendí ni una palabra, absolutamente nada. ¿Qué tenía que ver un simple alpinista (persona que escala montañas) con desiertos, pastores, sueños y destinos? Nada, y si nada. Porque resultó que el libro no era sobre un alpinista, una persona que escala montañas, aficionada al alpinismo, no. Mi hermana menor me hizo notar que el titulo del libro era “El Alquimista” y me llevé una gran decepción, no sabía siquiera que era un alquimista. Entonces lo dejé por ahí, enojada totalmente con Paulo Coelho, el cual me había engañado (porque yo no había tenido la culpa de leer mal). Y desde ese día, lo detesto.

A los 11, un amigo me recomendó un libro que tenia mucho éxito en Inglaterra, y que él leía por Internet. Enseguida se lo pedí como regalo de cumpleaños a mi abuela “Harry Potter y la Piedra Filosofal”, me encandiló. No pude despegar mis ojos de sus páginas durante dos días seguidos. Amor a primera vista. Lo mismo me sucedió con el resto de los libros que completan la saga.

Luego, de la mano de Agatha Christie, conocí a dos de mis personajes favoritos hasta la actualidad: Hércules Poirot y Miss Marple. Ellos me hicieron exprimir las neuronas para encontrar el posible autor de los crímenes más impensados. Por suerte, mi mamá y mi abuela, tienen todos los libros de Agatha Christie, lo cual me permitió conocer su obra completamente. Desde ese momento, mi género preferido a la hora de elegir qué leer, ha sido la novela policial. Pero no menosprecio ningún libro que llegue a mis manos, leo todo lo que puedo y me interesa.

Publicado por: ana clara Junio 11, 2008 2:31 PM

Carla Otero
Redacción 1
Comisión 7
Trabajo: “Memorias de Lectura”

Cuando la profesora propuso esta actividad me dije a mi misma, ¡qué bueno poder contar las experiencias que cada uno tuvo con la lectura!, pero enseguida pensé ¿qué voy contar?.
Para ser sincera no recuerdo el primer libro que leí, en mi casa no son muy amantes de la lectura así que mis experiencias con los libros las comencé a vivir sola, mirando las imágenes de los cuentos (los que venían con la revista “Anteojito” por ejemplo) e imaginando lo que sus páginas contaban. Cuando aprendí a leer, leía todo lo que había a mi alrededor, revistas, afiches, carteles.
Aunque no recuerdo el primer libro que leí, se que uno de los primeros fue “El Principito” que me lo regaló una tía y creo que es el libro que la mayoría de los niños leen durante su infancia. Esa experiencia no fue nada grata porque nunca pude terminar de leerlo, ya que me aburría mucho y no lo entendía, pero tengo como asunto pendiente leerlo algún día.
Sin embargo, esa decepción no hizo que me dejara de gustar la lectura. Me gusta mucho leer, de hecho soy tan ansiosa que cuando comienzo un libro lo termino en muy poco tiempo porque no puedo aguantarme las ganas de esperar para saber que sigue.
A la hora de escoger un libro para leer casi siempre tengo en cuenta el título, aunque no debería guiarme mucho por esto ya que muchas veces he leído libros porque me llamaron la atención por el título y me llevé una gran decepción, si bien lo sigo haciendo. También me fijo en el género, me gustan mucho los de ciencia ficción, los que tienen suspenso o relatos imaginarias e irreales.
Es por esto que le pedí a un amigo me preste uno de los tantos libros que tenía en su biblioteca y elegí “Cien años de Soledad” de Gabriel García Márquez, me atrapó desde la primera oración hasta la última, me encantaba no tener la menor idea de lo que iba a pasar y las cosas rarísimas que relataba. Y ese fue uno de los libros que leí que más me gustó.

Publicado por: Carla Otero Junio 11, 2008 3:41 PM

Ernesto Sanchez
Redacción 1
Comisión 12
TP nº 12 “Memorias de lectura”

Yo siempre bromeo diciendo que mi vida (y ahora agrego conciente) empezó a los 13 años. La etapa anterior fue como una “previa” de vida.
Tengo que aclarar que a lo largo de esa “previa” mi mamá y mi papá me leyeron hasta el hartazgo, al igual que tíos y abuelos. Sería muy desagradecido de mi parte no mencionarlo.

Pero, fuera de eso, mi vida de lector se puede clasificar en varias fases.

De chico siempre fui arisco a leer por mi cuenta; no agarraba un libro ni a punta de pistola. Una vez cayó en mis manos uno que me llamó la atención: una versión ilustrada de “El principito” de Antione Saint Exupéry. Lo agarre, lo hojeé, lo leí y no entendí nada. Por lo menos no todo lo que Antoine decía realmente, pero bueno... fue una primer experiencia y, como todas las primeras veces, fue importante.

El tiempo se me pasó rápido como a la mayoría de los chicos, con lectura ocasional y obligada, generalmente, por la escuela. Pasaron 2 años y mi familia (lectores empedernidos) se preocupaba de mi poco trato con la literatura. Entonces fui victima del segundo quiebre. Ahí sí se puso brava la cosa. No me acuerdo bien quien fue el responsable pero me dio, seguramente, el libro que más me marcó: “Harry Potter y la piedra filosofal”.
Está de más decir que en ese momento no tenía la fama que goza ahora. E incluso para la edad que yo tenía, la escritura no me pareció nada de otro mundo, lo impresionante era la historia. Dinámica, ingeniosa, con detalles que después cobraban una importancia narrativa inesperada.

Desde ese momento, para mí, la lectura se volvió un vicio. Fui conociendo personajes legendarios como Hércules Poirot, Sherlock Holmes, el capitán Nemo, el Dr. Jekyll y Mr. Hyde y muchos más. Pasé (y no estoy mintiendo) los 4 años consecutivos leyendo de noche y sonámbulo en clases. ¡Y no me arrepiento de nada!

La gente tiene que entender que la lectura es especial. Te lleva a un lugar que no esperabas, que podrías haber pasado toda tu vida buscando sin estar ni cerca de encontrarlo. Y si ese lugar te cansa, no importa. La literatura tiene infinitos lugares para mostrarnos, desde los sueños de aventuras de un chico en el Mississippi hasta la realidad mas objetiva vista desde los ojos de algún pensador. No existen fronteras para los libros. Ellos vuelan más allá de la vida y de la muerte, pero son humildes y vuelven para contarte el viaje.

Por si a alguno le sirve, les nombro algunos de los títulos que más me gustaron, pero hay muchos más:

Harry Potter (cada libro tuvo 2 días de vida máximo. No los leía, los devoraba)
El principito (si, me reconcilié con él a los 14)
Fahrenheit 451 (Ray Bradbury)
Más que humano (Theodore Sturgeon)
La historia interminable (Michael Ende)
El cuervo (Edgar Allan Poe)
El escarabajo de oro y otros (Edgar A. Poe)
El príncipe feliz y otros cuentos (Oscar Wilde)
Cuentos crueles (Abelardo Castillo)
El último dragón (Byron Preiss/ Michael Reaves)
El eternauta (Héctor Oesterheld/ Solano López)

Publicado por: ernesto sanchez Junio 11, 2008 4:02 PM

Mercedes Casenave
Redacción I
Comisión 12
TP: “Memorias de la lectura”

Cuando me senté a hacer este trabajo, me encontré con grandes dificultades para elegir una experiencia en particular. Desde que tengo uso de razón, me encanta leer, y siempre me resultó tediosa la tarea de elegir un solo libro favorito ante la pregunta de algún curioso. No podría elegir sólo uno.
Creo que cada libro que se lee deja una marca. Nos permite sumergirnos en un mundo totalmente distinto (aunque no sea un cuento fantástico), aprender sobre otras culturas, otros estilos de vida, imaginar paisajes, recrear todo en nuestra mente, “vivir” cosas que tal vez nunca vivamos. Siempre se aprende algo nuevo, y algunas experiencias que los personajes viven se vuelven tan reales que jamás las olvidamos.
Mis recuerdos más remotos relacionados con la lectura me llevan a mi pieza en Buenos Aires, cuando vivía allá, una noche que estaba enferma y “leyendo” unos libros de inglés de mi papá que tenían dibujitos “setentosos”, me encantaban los pantalones acampanados y los flequillos de esos personajes. También tengo recuerdos de leer un libro grande color lila de Disney, donde se encontraban mis películas favoritas en formato tinta y papel. Otro libro que me encantó de chiquita era uno de fábulas, siempre le pedía a mi abuela que me cuente la moraleja.
Por lo general, si bien me leían cuentos, prefería leerlos sola. Llegaron a mí las historietas de Mafalda, que habré leído mil veces y si las leo ahora todavía me sigo riendo…El Principito me lo regaló mi tío, con su memorable frase “lo esencial es invisible a los ojos”. Un día llegaron a mis manos dos ejemplares de la saga del famoso mago: Harry Potter. Tenía 9 años, y la historia era tan atrapante y entretenida, redactada con una sencillez y fluidez que hicieron que me pasara el día leyendo, al punto de que mi mamá me tenía que “arrancar” del sillón para que fuera a comer. Leí como treinta veces cada libro.
En aquella época leía un montón. Me había atrapado mucho una colección de libritos de terror que tenía, escritos por R.L Stine, creo que era el creador de la serie “Escalofríos”, que los devoraba y me daban mucho miedo. A veces iba a Cúspide y me leía un librito en media hora. Estaba tan envuelta en la forma en que escribía ese autor que redacté un cuentito de terror en mi computadora, con su estilo, pero con una historia creada por mí. También leía una colección de clásicos de la revista Genios, que iban desde “Dr. Jekyll and Mr. Hyde” hasta “Las aventuras de Tom Sawyer”. Por ese entonces leí “La Metamorfosis” de Kafka, pero me repugnaba mucho y lo tomé todo en sentido literal, no capté la esencia del libro, era muy chica. Es un libro que tengo que volver a leer.
Otra saga que no podría dejar de mencionar es “El señor de los anillos”. Los detalles, las descripciones, todo hace que te olvides completamente del lugar donde estás leyendo para sumergirte en la Tierra Media. Cómo se relaciona todo y los giros que tiene la historia son sorprendentes.
“Ana Karenina” de Tolstoi, es una historia que parece estar repleta de personajes, hasta que te das cuenta que son unos pocos con cuatro nombres distintos cada uno. Pero la historia me gustó y me atrapó bastante. Otra obra de estilo similar es “Cumbres Borrascosas” de Emily Brontë, una obra un tanto sombría pero que también me gustó. “El misterio del tren azul” de Agatha Christie me atrapó de principio a fin, al igual que las del detective “Sherlock Holmes” de Arthur Conan Doyle. También leí cuentos de terror de Edgar Allan Poe: “El asesinato en la calle Morgue” me encantó y uno de una persona que revivía en la tumba me impactó mucho.
Alrededor de los 14 años leí una obra que me fascinó: “El Túnel”, de Sábato. Las hipótesis y el análisis al borde de lo patológico que hace el personaje principal sobre María Iribarne, su amada, y la reconstrucción de los hechos contados en primera persona, que relatan desde el momento en que la conoció hasta el momento culminante en que la asesina (dato que se da al principio de la novela), hacen de la obra tan real e interesante que no podía dejar de leerla. Otro libro que leí en esa edad fue “1984” de George Orwell, en la que un sistema totalitario controla a las personas, lo que dicen, lo que piensan, y hasta son capaces de borrarlas, eliminando todo registro de ellas. También intervenían en los archivos de diarios para borrar, a su conveniencia, todo indicio de hechos que los perjudicaran o los hagan quedar mal. Es muy interesante la historia de las dos personas que intentan escapar al sistema, los peligros y sufrimientos que deben padecer con tal de mantener la libertad de pensamiento, algo mucho más íntimo e imprescindible todavía que la libertad física.
Por último, quiero mencionar dos libros de un autor sueco, Jostein Gaarder, que simplemente, me encantaron. El primero que leí fue “El misterio del solitario”, en el cual hay un cuento dentro del cuento. La capacidad de abstracción, la creatividad e imaginación del autor resaltan a lo largo de toda la obra: se inventa un calendario con la una baraja de Póker y muchísimas cosas más que hacen del cuento una obra inolvidable. El otro que leí fue “El mundo de Sofía”, un libro interesantísimo de principio a fin, con la historia del pensamiento redactada de una forma muy asequible y cuestiones filosóficas complicadas expuestas con una sencillez envidiable. Nos hace pensar en muchas cosas que todos alguna que otra vez nos preguntamos, pero que por el ajetreo de los días no podemos dedicarles mucho tiempo.
Espero no haberlos aburrido demasiado, la lectura es una buena forma de pasar el tiempo libre, cosa que ya no hago mucho (debo reconocerlo), porque dedico ese tiempo libre a la computadora, el “chat” etc. Pero creo que es mucho mejor ver a las personas en la realidad en lugar de hacerlo a través de una pantalla, donde la comunicación no verbal la tenemos que realizar por medio de caritas prediseñadas. El tiempo libre que tengamos en casa sería bueno destinarlo a leer un buen libro en lugar de chatear, o al menos ser más mesurados a la hora de elegir qué cosas nos ayudan a formarnos como personas y en qué actividades “invertimos” nuestro preciado tiempo libre. Es difícil, pero valdría la pena intentarlo.

Publicado por: mercedes Junio 11, 2008 6:04 PM

Jeremías Walter
Trabajo Práctico Nº 12: “Memorias de lectura”
Comisión 12


Memorias de lectura… Mi memoria es un desastre. Difícilmente pueda recordar que hice hace algunos minutos, mucho más me va a costar recordar cuál fue el primer libro que me leyeron, que leí o la primera vez que ingresé en una biblioteca.
Todo lo que conozco por lectura, lo conozco por mis propios medios, jamás entendí esas series de televisión o esas películas en la que los padres cuentan un cuento a sus hijos antes de ir a dormir. No tengo una familia de lectores fanáticos. Con esto no critico a mis padres, nada más lejano, tampoco analizo si esto es o no algo normal, sólo que se me hace raro ver a un padre leyéndole caperucita roja a su hijo, o al mismo niño oyendo con desmedida intriga que fue lo que les pasó a los pobres tres chanchitos. Cada uno con su realidad.
Pero sin desviarme del tema, reitero, mi memoria no es un gran atributo, por eso desde hace uno días estuve pensando para este trabajo, en todos los libros que leí, y cada vez que me acordaba de alguno lo anotaba en un papel que llevaba en el bolsillo para la ocasión. Con mucho trabajo neuronal llegué a veinte. Me parecieron pocos, casi siempre estoy leyendo algo, más que nada en los últimos años.
Después reflexioné que más que seguro me olvido de muchos libros, además la cantidad concreta de los mismos es menor a la que creía, porque las cosas que más leía, más que nada de chico, eran manuales, libros de historia, diccionarios, enciclopedias y fragmentos de las mismas. Me fascinaban (y me fascinan) los Atlas. La geografía me parecía alucinante, estaba todo el tiempo mirando esos fascículos de diarios que se repiten constantemente cada dos o tres años. Es muy raro que pasen dos años en que La Nación o Clarín no publiquen alguno de estos Atlas que sólo se diferencian del anterior en la última cifra del año y en que Birmania ahora se llama Myanmar; Bielorrusia, Belarús; que la Franja de Gaza ya no pertenece a tal o cual país, etcétera.
Pero dejando esto de lado, al ver los mapas, leer sobre su población, su cultura, su constitución política, su territorio, y la cantidad de trigo que exportaban o cuánto del té que producían, consumían (además de aprender una innumerable cantidad de capitales), sentía que estaba viajando hacia esos lugares. Si, sé que suena algo cursi lo que digo, pero es lo que en realidad me pasaba, me insertaba tanto en la realidad de China o en los padecimientos de las poblaciones africanas, que me sentía uno más de ellos, tenían que pasar unos segundos para volver a mi realidad. Sí, mi imaginación es bastante importante, seguramente más que mi memoria.
Y ya que retomo el tema de la memoria, debe tenerse en cuenta que, a pesar de ser totalmente sincero, la mayoría de los datos que aporto sobre mi persona, deberían ser antecedidos con un “creo”. No lo hago porque sería un crimen contra la redacción y el buen gusto, pero téngase en cuenta.
El primer libro que leí (creo), Fue “Ami, el niño de las estrellas”. Es la segunda vez en mi vida que digo esto, ya que la primera vez que lo dije no fue muy gratificante. Tenía yo catorce años y en una especie de preguntas y respuestas estúpidas, esas típicas que las chicas preadolescentes hacen, para tener guardados recuerdos de sus compañeros, me preguntan cuál es el libro que más me gustó. Yo contesté “Ami, el niño de las estrellas”, la que era mi novia en ese momento (mi primer novia), prácticamente se descompuso de la risa. No tenía mejor idea que decirle a todo el mundo cada vez que surgía una conversación con amigos en común o desconocidos: A Jeremías le gusta un libro que se llama “Ami, el niño de las estrellas”.
Lo peor, es que ese libro de verdad me gustaba. Trata sobre un niño extraterrestre que llega del espacio y explica a otro niño, éste terrícola, sobre “la Ley Fundamental del Universo”, ley que se aplica en los planetas evolucionados, y que en la Tierra es ignorada, ya que en los mundos en que se conoce reina la felicidad, el amor, no hay guerras, violencia, injusticia, dinero, ni pobres ni nada. O sea, vivían en una especie de comunismo interestelar, más o menos…
Pero imagínense lo que significaba tremendo libro para mi imaginación. En instantes pasaban de estar en Sudamérica a Japón, a otro planeta, a otra galaxia. Era una bomba de datos dignos de ser imaginados. Además, dejaba un mensaje conmovedor, y agradezco haber crecido leyendo un libro como ese.
Después, en mi adolescencia plena, comencé a leer cada vez más. De los libros que más recuerdo, los primeros son biografías sobre Ernesto Guevara. Allí conocí mucho más de lo que se ve en la TV sobre el Che. Sobre la injusticia, el Hombre nuevo, la Guerra de Guerrillas, etcétera. Leí tres o cuatro libros, de amigos de él, biógrafos, historiadores. Luego di un paso quizás obvio hacia la lectura comunista, el marxismo, y demás. Textos básicos, monografías y cosas del estilo.
Entre otros textos, menos atrás en el tiempo, también leí algo de Nietzsche en: “Así habló Zarathustra”, quizá entendí menos de la mitad de lo que quiso decir (siendo generoso), pero me interesó tanto que me llevó a leer “El día que Nietzsche lloró”, de Irvin Yalom, uno de mis libros favoritos, sino el favorito. Luego de éste leí, hace poco, libros que me gustaron mucho como “Yo, claudio”, de Robert Graves y otro y otro muy bueno que es “1984”, de George Orwell. Con estos libros me pasó lo que pasa cuando se disfruta de la lectura: no podía dejar de leerlos, me atrapaban, me metían de lleno en su entorno. También accedí a muchos otros textos menos afortunados, tal vez por eso escapen con mayor facilidad a mi memoria.
Estos fueron mis intentos de memorias de lectura. Como se verá no soy de leer Harry Potter, sin criticar a nadie, mi estilo es otro, y al ser un estilo no puede ser mejor ni peor…
Así traté de explicar sencillamente mis experiencias, y digo para finalizar que leer es una de las mejores cosas que existen en la vida. Me llevó, inconscientemente a vivirla de otra forma, a tener otro tipo de experiencias, a ver la realidad con otros ojos. Pero todavía me queda, por suerte, mucho que leer (¡muchísimo!), por ende mucho que aprender, y mucho que vivir.
Nombré algunos libros y entre mis favoritos están los últimos que leí. Sin embargo nunca dejo de recordar, con cierta nostalgia, el del niño de las estrellas. Cuando uno habla de nostalgia, habla de algo que obviamente ya no existe, algo que se perdió. Ojalá esté empleando un término equivocado y que lo que siento no sea nostalgia. Siempre se me vienen a la cabeza aquél libro y las ganas de volver a leerlo, y en cualquier momento -cuando mis amigos Durkheim, Saussure y Marx me dejen- para que no se me escape, volveré a leerlo.

Publicado por: jere Junio 12, 2008 12:06 AM

Andrés Gutiérrez
Comisión 7
Redacción 1
"Memorias de lectura"

Mis primeros acercamientos a la lectura fueron en la infancia, con una serie de cuentos clásicos (“El Gato Con Botas", “Peter Pan”, y otros más y menos conocidos) que formaban parte de una colección, cada cuento venía como suplemento de una revista infantil. Todas las noches, yo leía una o varias de esas historias a la luz de la lámpara, que permanecía encendida por horas, y mi hermana, que en ese entonces compartía la habitación conmigo, lograba dormir de alguna manera.
Desde muy temprana edad tuve una obsesión muy peculiar, me gustaba que las cosas estén completas (dos años más tarde descubriría con horror que la colección que mencioné no estaba realmente completa). Esa especie de manía hacía que las lecturas se me compliquen muchísimo, por querer retener todos los detalles el proceso de leer se me volvía tedioso. Sin embargo, un día tomé la decisión de leer un libro (no un pequeño cuento, un LIBRO, así con todas las letras y en mayúsculas). Me llevé una sorpresa al leer el texto motivador en el weblog, porque casualmente, “La isla del tesoro”, de Stevenson, fue la novela que yo elegí en ese momento. La edición formaba parte de una selección especial, todos los libros tenían una llamativa encuadernación blanca que los hacía resaltar en la biblioteca. La mayoría eran libros de aventura, y en ese momento creí que sería lo que más me entretendría.
En una primera impresión, “La isla del tesoro” me resultó un poco decepcionante, era la primera vez que leía una novela y la introducción se me hacía muy aburrida. Además, mi capricho de pretender ser detallista me complicaba la existencia. No obstante seguí leyendo hasta que la historia se puso más interesante. Hoy ya no me acuerdo de qué se trataba, pero lo que sí recuerdo es la sensación de satisfacción que sentí por haber terminado mi primer libro.
De todas maneras, la novela que verdaderamente marcó un antes y un después en mi forma de leer fue "La casa de los espíritus", de Isabel Allende. Era un libro de un tamaño considerablemente mayor de lo que estaba acostumbrado, pero me atrajo muchísimo el título. Creí que se trataría de una historia extremadamente fantástica, y eso era algo que me fascinaba en aquel entonces. Sin embargo, la trama resultó ser más realista de lo que hubiera imaginado, quizás más de lo que hubiera estado dispuesto a leer. Aun así, la forma de narrar de Allende en ese libro me atrapó de una manera que ningún otro autor había logrado. De pronto me olvidé de mi obsesión por los detalles, de mis inclinaciones hacia la ficción total, y me encontré terminando de leer un largo libro en un tiempo increíblemente corto para lo que es mi ritmo de lectura. No sólo eso, la manera en que la historia empezó, y en cómo terminó, me impresionó tanto que se volvió mi recurso favorito al momento de escribir, aunque ese es un tema completamente diferente. No me atrevo a decir que sea la mejor novela del mundo ni muchos menos, sólo puedo decir que es la lectura que más disfruté, y desde entonces, Isabel Allende se convirtió en mi escritora favorita.

Publicado por: Andres Gutiérrez Junio 12, 2008 12:56 AM

Mis primeras experiencias con los libros fue muy similar a la de muchos, cuado era chico me gustaba mucho que me lean cuentos o historias fantásticas o simplemente hojearlos para observar sus imágenes y tratar de entender algo de lo que contaba.
Con mucha frecuencia pedía a mis padres que me leyeran o sencillamente inventaban historias en el momento y yo me metía tanto en esos relatos con un entusiasmo tal, que no los dejaba terminar de contar para continuar yo con lo que imaginaba que iba a pasar.
Después, al comenzar el colegio, al tiempo aprendí a leer y no se trataba entonces de mirar imágenes solamente, tomaba cualquier cuento o libro que veía y me sentaba a leer lo que contenía, incluso caminaba por la calle mirando todas las palabras que pudiera descubrir como jugando a leer mas y mas cosas. Claro, que fue una experiencia que encontré y disfruté al haber aprendido a leer.
En el período escolar, fueron muchas las veces que tuve que buscar y leer textos como material de estudio, recuerdo que contenían varios relatos ficticios, textos divertidos y educativos, como así también una serie de pequeños ejercicios relacionados con las lecturas realizadas. A medida, que pasaban los años releía los libros de trabajo y lectura de los años anteriores porque cada historia me había dejado algo, siempre recordaba una parte característica de algún texto, o simplemente porque eran divertidos, me entretenía volver a leerlos y recordarlos.
En el secundario, conocí otra clase de lecturas, como novelas u obras de teatro, algunas de ellas me parecían muy interesantes porque me atrapaban casi todo el relato para luego encontrarme con un inesperado final y también tenían sus partes trágicas. Otras sinceramente, me parecieron aburridos o trataban temáticas poco interesantes.

Publicado por: leonel batistelli Junio 12, 2008 5:09 PM

Jimena Basualdo
Redacción 1
Comisión 12
Trabajo N° 12: Memorias de la lectura.

Que tema que me apasiona la lectura… Recuerdo tener una mochila grande, muy grande llena de cuentos infantiles. Cuando tenía alrededor de 5 o 6 años adoraba sentarme en el piso de mi habitación, abrir esa mochila y desparramar todos, absolutamente todos esos cuentitos. Por supuesto que la mayoría era de Disney, entre los que estaban ‘El jorobado de Notre Dame’, ‘Alicia en el país de las maravillas’ (mi preferido entre tantos), ‘La sirenita’ y tantos más, pero el que más recuerdo es un libro enorme de tapa dura, me acuerdo que era de color verde y tenia en la tapa a caperucita y el lobo, sin embargo el libro no solo tenía ese cuento, sino también ‘La cenicienta’, ‘El gato con botas’, ‘Patito Feo’, ‘Los vestidos nuevos del emperador’, ‘Hansel y Gretel’ y un par más, que si mal no recuerdo era doce en total; no me cansaba nunca de leer esos cuentos, podía pasar horas encerrada sola, tranquila en mi habitación leyendo y leyendo.
Pero a medida que fui creciendo esos cuentos los adoptó mi hermanita y yo cambié de rumbo (como todo chico que se interesa por cosas nuevas), por así decirlo. Fue en ese momento cuando una amiga me mostró su colección ‘Escalofríos’ de R. L. Stine, quedé fascinada y admito que me asustaban, algunos más que otros por supuesto.
Algo que me ayudó a conocer más libros fueron los talleres de lectura que hacíamos en el colegio; la profesora compraba ciertos libros y después los sorteábamos en el curso por grupo. Creo que cuando de otro grupo me ofrecieron cambiar el libro que me había tocado, mis compañeros casi me matan, en un principio nos había tocado ‘Matilda’, y ¿quién no vio la película? Por eso no me interesaba leer el libro, y ahí fue cuando lo cambié por el otro, ‘Mi planta de naranja lima’. Vale aclarar que a ninguno de mis compañeros le interesaba un libro que en la tapa tenia a un nene flaquito, y menos en blanco y negro, contrario al anterior libro que estaba cargado de dibujos y color. Quedé completamente alucinada con ese libro, es realmente hermoso, adoro la historia y como está contada. Y el año siguiente se repitió lo mismo, esta vez con el libro que continúa la historia ‘Vamos a calentar el sol’, era la única interesada en seguir leyéndolo; ahora tengo los dos libros en mi poder.
Pero aunque ese libro me marcó mucho en mi ‘vida de lectora’ no fue el primero, sino un par de años antes, cuando un par de mis amigas se ponían a hablar de ‘Harry Potter’, y yo no sabía ni quien era. Cuando lo conocí me pareció una historia nada interesante, las veía a ellas tan fanatizadas y no entendía por qué, hasta que un día despertó mi curiosidad y lo pedí prestado. Me senté a leerlo… Al principio me pareció completamente aburrido, me preguntaba donde estaba la magia de que tanto hablaban, y la encontré. Por supuesto que no iba a dejar de leer el libro porque me aburriera en sus primeras líneas, lo terminé de leer con una sonrisa en la cara, simplemente me enamoré de Harry Potter. Leí los primeros cuatro libros (que en su momento eran los que estaban publicados), y no me gustó para nada tener que esperar que se publicaran los siguientes… Con el quinto no sufrí tanto (para decirlo de alguna manera) como el sexto y séptimo. Tuve que esperar un año para saber que iba a ser del destino del mago que tanto quería, por supuesto para leer solamente el número seis, que ni yo podía creer haberlo terminado en tan solo un día. Y otra vez lo mismo hasta que saliera el siete, y ahí fue cuando me debatía entre querer que salga y que no, era el final de la historia, ya no iba a haber más cuentas regresivas para seguir leyendo una nueva aventura del joven mago. Me lo tomé con calma y lo leí muy despacio, pero ese muy despacio significó solamente una semana, nada más que una semana. Es increíble como me atrapó la historia, y creo que la forma de escribir de J. K. Rowling es admirable, cuando terminaba alguno de los libros me ponía a pensar como podían ocurrírsele tantas cosas juntas y más estando relacionadas en todos los libros. Esta saga es la que más me marcó, mucha gente me conoce como ‘la fanática de Harry Potter’ y es algo de lo que no me avergüenzo para nada, ya que fue el paso más importante en el mundo de la lectura en mi vida.
Por eso después de tan hermosa experiencia con esta saga (mejor dicho durante) intenté leer otras, como por ejemplo ‘Las crónicas de Narnia’. Ya había visto la película y me había encantado, entonces me propuse hacerlo, pero quedé decepcionada, me pareció aburrida, no la noté interesante, sólo leí dos libros y me cansé.
Pero no por haberme desilusionado con una dejé de leer sagas. Este último verano había leído en muchos lugares de Internet el nombre ‘Crepúsculo’ y con muy buenos comentarios, buenas críticas y cómo soy muy curiosa no tuve más que buscarlo –en ese momento- en la web para descargarlos (suena muy pirata, pero era lo que más al alcance tenía). Lo empecé a leer… Al principio igual que Harry Potter me resultaba aburrido, quería saber donde estaba lo que tanto decían por ahí, y como me pasó con el anterior me pasó con este… Me enamoré, podrán pensar como una persona se puede enamorar de un libro, de tinta y papel, pero ese libro me encantó. Los tres libros publicados hasta el momento los devoré en menos de un mes y quedé perdidamente enamorada (valga la redundancia) del personaje principal y de todos en sí. No tendré que esperar más libros de Harry Potter… Ahora tengo que esperar los de Stephenie Meyer, dos me quedan todavía y los voy a esperar con ansias; y si todavía no los leyeron, a aquellos que les gusten las historias de amor se los recomiendo.
Ahora me queda como un pendiente ‘El principito’, porque cuando tiene que leer libros para hacer trabajos prácticos no lo hace con ganas, y no quiero quedarme con esa primera impresión.

Publicado por: Jimena Basualdo Junio 12, 2008 6:49 PM

Emiliano Dominguez
Comisión 12
Redacción 1
"Memorias de lectura"

Mi experiencia con la lectura comienza a muy temprana edad, no recuerdo con exactitud, pero supongo que entre los 4 y 5 años, y no fue precisamente leyendo. Por aquel tiempo mi “nona” me compraba todas las revistas de Anteojito, como recordarán, hubo ediciones que venían con bibliotecas enteras de literatura clásica y contemporánea ¿Quién no usó para el colegio su libro rojo del Principito o su Facundo de Sarmiento? Mi viejo fue quien me leía esos cuentos todas las noches; especialmente recuerdo “Los cuentos de la selva” de Quiroga, que seguramente no entendía, pero que me encantaba escuchar. Cuando él terminaba de leer yo le pedía que me lo lea de vuelta. Otro libro que me leía siempre fue el de los viajes de Gulliver ¡siempre me fascinó esa historia! Esta si puedo decir que la entendía, me maravillaba pensar que alguien se pudiera topar con versiones diminutas de nosotros.
Al poseer mi primera computadora (entre los 7 u 8 años supongo) que solo poseía un editor de texto, comencé a escribir con mi papá y mi primo “Las aventuras de Agapito”, una historia de humor y ciencia ficción que a lo largo de los años, por desgracia, fue desapareciendo de mi memoria.
Pasaron los años y sinceramente nunca le di mucha relevancia a los cuentos en general, de todas formas durante toda mi niñez siempre me interesó leer libros de astronomía y de civilizaciones antiguas, quizá mientras más cruzaba la realidad con la ciencia ficción o la fantasía más me gustaba, pero no era en las novelas que lo buscaba, sino que lo dejaba para mi imaginación.
Durante el período de la secundaria solo leí algunos de los cuentos dictados por la materia, por obligación, para aprobar literatura, pero salvo el Quijote de la Mancha o el Principito, no me atrapó ninguno. En este período estaba muy enganchado con la música por lo que no había lugar en mi para libros ni estudio ni otra cosa.
Es bueno hacer un pequeño balance para retomar una actividad tan linda como la lectura, nunca dejé de leer porque no me interesara o gustara, sino porque tenía otras cosas en mente.

Publicado por: Emiliano Domingeuz Junio 13, 2008 12:29 AM

Ayelén Duhalde
Redacción 1
Comisión 12
Trabajo N 12 "memorias de lectura"

No es muy difícil olvidar cuál fue el momento exacto en que me lancé a la fascinante travesura de leer, ya que mis viejos viven recordándolo en cada reunión familiar.
El extraordinario acontecimiento sucedió en 1994, contando con 3 años y 359 días.
El regalo de cumpleaños (vale aclarar que se adelantó 6 días) venia envuelto en un papel brillante, y muy llamativo. A esa corta edad lo que menos se puede imaginar una criatura es que le van a regalar un libro.
Al abrirlo con mucha curiosidad, me encontré con un libro de tapa dura, de muchos colores, y un titulo que no sabia ni siquiera si estaba escrito en español, chino o árabe.
En ese entonces, vivíamos arriba de la casa de mis abuelos, y mi familia contaba solo con tres integrantes. Dicho de otra manera, al ser la única hija (ahora no lo soy), toda la atención para mí, todos los mimos para mí, todo, pero todo para mí.
Esa misma noche, subimos a las habitaciones y mis viejos comenzaron a leer…y todas las noches la misma rutina. Me llevaban a mi habitación y ellos leían el mismo libro.
Llego un momento que ya me lo sabía de memoria. Sabia como empezaba, donde había que dar vuelta la página, cual era el próximo acontecimiento que iba a sucederle a esa chica de pelo negro, y como iba a terminar esa apasionante historia.
Y una de esas noches pasó algo raro. Pero antes, vale destacar que por aquellas épocas, y teniendo 4 años y apenas unos días, yo era demasiado inteligente para mi edad, y no es por agrandar mi ego, ni mucho menos, pero en aquel entonces puedo afirmar que “yo era inteligente”, claro que, dadas las circunstancias y la plena adolescencia, la rebeldía, y bla bla bla, “achanché” esas ganas de aprender.
Pero retomando el tema, una de esas noches acostada en la cama, y con mis viejos mirándome anondados, pregunté si yo podía leerles el libro a ellos. Se quedaron mudos, pero mudos con todas las letras, sin exhalar un suspiro siquiera.
Tome el libro, me hice la valiente y comencé la lectura. Lo que mis viejos ignoraban era que de tantas veces que habían recurrido al mismo cuento, yo ya lo sabia de memoria. Por que yo en ese momento era viva, ahora no tanto. Los miré de reojo, y…”había una vez…en un país lejano…”.
Hasta hoy no puedo explicar la emoción de mi mama y el silencio de mi viejo cuando daba vuelta las paginas en el momento exacto y la alegría que tenían al día siguiente al contarle semejante acontecimiento a toda la familia.
Pasé a ser la joyita de la casa y a denigrar a todos esos primos que no saben hacer nada por la vida y que los padres siempre ofenden con un: “si te hubieras parecido mas a….”o con la típica frase: “y vos…cuando te vas a poner las pilas, hasta tu primo/a de “x” edad es mas inteligente que vos”.
Y lo disfruté, y mucho para ser sincera, porque al ser la más chiquita, todos me tomaban como a un bebito que no sabe hacer otra cosa que joderle la existencia a los demás. Y ahora, me sentía una beba grande e perspicaz.
Pero tres noches después, mis viejos me dieron otro libro nuevo que habían comprado esa misma tarde. La farsa había terminado, aunque si yo lo pienso ahora, no fui tan farsante, porque no es fácil tener semejante memoria a esa temprana edad.
Pero en fin, pasó lo que tenia que pasar..Se dieron cuenta, pero no dijeron nada. No me podían retar ni mucho menos.
Mas adelante, y antes de convertirme en adolescente “achanchada”, retome un par de libros, tales como “corazones de menta”; “dos crímenes”; “como agua para chocolate”, entre otros… pero uno de los que definiría como mi predilecto seria “diarios de motocicletas”, ya que en mi familia acostumbramos mucho a leer sobre El Che. Es mas, me arriesgo a decir que un tercio de la biblioteca que tiene mi viejo son biografías de él, o de historiadores que los escribieron en su honor.
Pero nunca me voy a olvidar de esa bebe de casi 4 años que le hizo creer a los padres que sabia leer BLANCANIEVES Y LOS 7 ENANITOS.

Publicado por: Junio 13, 2008 4:29 PM

Ayelén... sos pariente de Eduardo Duhalde?

disculpa que este comentario sea tan poco profundo pero me surguió la duda

si no querés contestar no me enojo

Publicado por: ernesto Junio 13, 2008 10:32 PM

Paz, Pablo J.
Comisión 12
“Memorias de lectura”


Mi primer experiencia con la lectura fue en la infancia, en el preescolar con una serie de cuentos clásicos (“Pinocho”, “Peter Pan”, y otros más). A los 10 años, tuve la oportunidad de leer mi primer libro “Marianela” de Benito Pérez Galdós, no obstante seguí leyendo otros como “Recuento para Demián” de Jorge Bucal, “El principito” de Antonie Saint-Exupéry.
Con el correr del tiempo, me dedique a leer novelas como “El alquimista” de Paulo Coelo, “El proceso” de Franz Kafka entre otros. De todas manera, la novela que me marcó un antes y un después en mi forma de leer fue “La casa de los espíritus” de Isabel Allende, lo más interesante que me agradó fue el título. La forma de narrar de Allende en ese libro me apoderó. Aunque, el libro que más me gusto fue la historia de “Marianela” de Benito Pérez Galdós, la releí diez veces y volvería hacerlo.

Publicado por: Junio 13, 2008 10:41 PM

“Memorias de lectores”
Daniela Lioi
Comisión 7

Lo más hermoso de la lectura es ése momento, ése irrepetible y conmovedor momento en el que se produce una mágica y especial conexión entre el lector, la historia y el escritor. Ésa sublime relación en dónde cada uno cumple un papel único y fundamental- porque no existiría escritor sin historia que contar ni, por lo tanto, lector sin historia que percibir- cuando eso sucede, cuando por fin sucede, como una especie de sinapsis lógica pero espiritual a la vez, todo cobra un nuevo sentido…
Tuve pocas oportunidades de poder percibir y disfrutar de dicho fenómeno, diría que mínimas, pero hubo una de especial importancia, la primera para ser exacta, en que la extraordinaria magia de la lectura tocó la puerta de mi imaginación. Fue con un clásico de la literatura como lo es “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez. Comencé, casi obligada por mi señorita de lengua, a leer la novela para luego ya no poder dejar de hacerlo. Juro que yo me transportaba a ése desolado y apartado pueblo en cada nuevo encuentro con ésas páginas magistralmente redactadas. Cuando terminé el último capítulo pensé en lo maravilloso que debería ser poder escribir así, con tan extraordinaria capacidad para plasmar tan detalladamente las ideas en un papel. Pensé en la especial habilidad de éste señor escritor (hasta el momento completamente desconocido para mí) y en la preciosa sensación que me había causado haber podido compartir ésa parte de su obra, produciéndome incontables emociones.
Sentí enormes deseos de agradecerle tantos momentos de sentimientos, corrí a preguntarle a mamá cómo podía hacerlo, pero aún mayor fue mi decepción cuando su respuesta fue negativa: -no sé hija, no creo que se pueda, habría que averiguar…- (son ésa clase de repuestas que los padres dan, quizás sin real conciencia, que resultan cómo grandes agujas que explotan nuestro pequeño y sensible mundo, parecido a un globo.)
Mucho tiempo después comprendí que ésa especial conexión es real y no producto de mi imaginación, que se da tan particularmente como número de lectores y escritores existen. Es en ése vínculo invisible en donde cada escritor se inmortaliza con cada escrito para revivir, junto con el lector, en cada lectura.

Publicado por: Daniela Junio 14, 2008 4:20 AM

JAJAJAJA.
Ayelen.. os pariente de Duhalde???
Como la deben volver loca a Esta piba...
Un día hicimos un trabajo juntos y dijo "Si, Duhalde, como el presidente..." como diciendo., no preguntes más!

Publicado por: jeremias Junio 15, 2008 3:20 AM

Jajaja bueno, che ¿yo como voy a saber eso? no estoy en su comisión.

Además por ahí era… en mi curso hay una piba que es Mestre y el otro día le pregunté si era pariente de Nito.

Creo q me dijo q sí, no me acuerdo… soy medio colgado :p jajaja

Publicado por: ernesto Junio 16, 2008 10:02 PM

Ernesto, yo también voy a tu comisión y tb Mestre...
y lo peor, Ayelen tambien!!
vamos todos a la 12!
La loca es medio petisa y cabezona pero no es pariente!
jajaj nah

Publicado por: Jeremias Junio 17, 2008 1:39 AM

Nahhhh vos me estas tomando el pelo

Ella también va a la 12? Entonces a vos también te conozco…

Ahhhhh que colgado!!!! Yo siempre pensé que eras “Geremias”, no “Jeremias”

Y eso que hace dos días que nos quedamos tomando algo cuando salimos de redacción

Estoy al horno… si le cuento esto a mis amigos no me creen jajajajaaj

Che por cierto a la loca la mataste… “es medio petisa y cabezona”

La chica ya esta saltando de la punta del monumento

Mostrá respeto maleducado

Publicado por: ernesto Junio 17, 2008 3:57 AM

Quiero agradecer a todos lo alumnos por estos hermosos relatos y por lo que ellos me provocaron, a tal punto que estos ultimos días estuve muy motivada para leerle cuentos a mis hijos. Si bien siempre me gustó leerles, contarles historias e invitarlos a que elijan libros, además de juegos de play, este trabajo me inspiró a seguir buscando lecturas que los atrapen. Anoche dejaron de ver Los Simpson para escuchar mi cuento y luego, pidieron otro y otro más. Y me di cuenta, una vez más, que la imaginación y la motivación no tienen límites.
Alguien escribió que le parecía ireal la imagen de un padre leyendo un cuento a su hijo por la noche y en verdad que cuesta ponerse después de un día de corridas, trabajo y obligaciones, pero no es imposible. Sobre todo si uno se da cuenta que no está abriendo sólo páginas, sino otros mundos por descubrir.
¡¡Gracias a todos!!

Publicado por: Victoria Arrabal Junio 17, 2008 12:05 PM

Martina Pedrazzoli
Comisión 12

Memorias de lectura

¡¡Hora de dormir!! Esas eran las palabras que escuchaba antes de sumergirme en una nueva aventura. Leerme un cuento era la receta perfecta de mis papás para hacerme dormir. Me acuerdo de los libritos de tapa blanda con sólo un par de hojas...mis preferidos eran los de Disney, a algunos llegue a aprendérmelos de memoria de tanto escucharlos…pero ese no fue el caso de "Hansel y Gretel" que recuerdo que cada vez que me lo leían me largaba a llorar porque me daba miedo. Así fue como me acostumbre, primero a que me leyeran y luego, a leer algo por mi cuenta todas las noches.
Mi primer "libro gordo" fue "Dailan Kifki" de María Elena Walsh. Todavía me acuerdo de la frase "Estamos fritos" que uno de los personajes decía cada vez que se metían en líos.
Después de ese libro leí varios más de la misma autora pero ninguno me divirtió ni me gustó tanto como el primero.
Tiempo después, en la escuela, nos pidieron que leamos “Ami, el niño de las estrellas” de Enrique Barrios y fue el segundo libro que más me cautivó, sobretodo por la enseñanza que me dejó.
Los años que siguieron me dediqué a leer distintas novelas de cualquier género que me regalaba mi madrina, ella era la encargada de ir armando mi biblioteca.
Para uno de mis cumpleaños recibí de su parte el primer número de Harry Potter, no sabía de que se trataba cuando comencé a leerlo, pero rápidamente me sentí cautivada por aquel mago que tan solo tenia mi edad.
Al verme tan entusiasmada con la historia, mi mamá y mi hermana decidieron ver de que se trataba y enseguida cayeron bajo el mismo encanto. Hecho que no me benefició en lo más mínimo ya que cada vez que salía un nuevo número teníamos que ponernos de acuerdo en quién lo leía primero. Tarea que fue imposible de realizar por lo que llegamos al acuerdo de que lo más justo era poner turnos para poder leerlo las tres al mismo tiempo.
El verano pasado se publicó el último tomo de la saga, lo que me provocó una sensación totalmente ambigua, por un lado, el querer leerlo lo más rápidamente posible para ver que iba a pasar con la vida de mis amigos pero por el otro, mucha tristeza porque la historia iba a terminar ahí, ya no iba a encontrar otro mundo donde trasladarme para desaparecer de éste aunque sea por un rato y olvidarme de mis preocupaciones.
Desde ese entonces, he intentado leer otros libros pero ninguno me atrapa lo suficiente y termino abandonándolos por la mitad. De todos modos, mi pasión por la lectura no me permite que baje los brazos y todos los días pruebo con algo nuevo.

Publicado por: martina Junio 17, 2008 7:05 PM

Nunca fui muy apegada a la lectura; pero mi mamá como buena profesora de lengua y literatura que es, me indujo a ella casi por obligación. Ahora pienso “por suerte”, antes pensaba “por qué no lee ella y me deja tranquila a mi”.
Cuando era muy chiquita, leía sí! Los cuentitos típicos de nenes, pero cuando tenia 11 o 12 años, no tocaba un libro ni loca. Peleaba mucho con mis papas por eso, así que para evitar más disturbios en casa, acepté recomendaciones bibliográficas y me puse a leer, creería que alguno de Sherlok Holmes (Arthur Conan Doyle), o Edgar Allan Poe, ese género me gustaba y me sigue gustando mucho. Más adelante comencé con la colección de “Fantasmas” (más de uno que lea esto, va a recordarlos con nostalgia). Sacaba algunos de la biblioteca Vigil, de la que era socia, donde me conocían desde que estaba en la panza de mamá, porque ella iba desde esa época allí. Otros los compraba o me los regalaban, todo con tal de que lea. Siempre de noche, era como el momento de lectura, pero cuando se acercaban al final, no aguantaba y me los terminaba a cualquier hora y en cualquier lugar.
Lo que me frustraba un poco era que mi mamá antes de comer los domingos, por ejemplo, cuando yo tenía un nuevo “fantasmas” para agregar a mi colección, lo agarraba y lo leía en aproximadamente media hora, pensar que yo estaba días para terminarlos. Por suerte, lograba entender que era porque ella era grande y tenía cientos de libros leídos ya.
Gracias a eso, hoy siempre tengo algún que otro libro para leer al lado de mi cama o para entretenerme en los largos viajes en colectivo o las esperas en el médico. Sino simplemente cuando tengo ganas de adentrarme en la fantasía inventada por algún autor y librarme por un rato de la realidad que muchas veces me avasalla.

Publicado por: Natalia Alvarez Junio 18, 2008 12:50 PM

Volviendo a mi infancia recuerdo que mis padres no eran de leerme cuentos, los que se encargaron de eso fueron mis abuelitos que me guiaron directamente hacia la lectura, cada vez que podían me regalaban cuentos. No recuerdo con exactitud mi primera experiencia con la lectura, pero si algo que me marco de por vida y lo recordare siempre. Tenía 6 años, y con mi familia habíamos ido al campo a visitar a mis abuelos. Como siempre yo feliz porque iba a verlos además de disfrutar de ese hermoso lugar verde donde viven, ese día paso rapidísimo y teníamos que volver a casa ya que mis padres trabajaban no sé que me paso no quise saber nada de regresar a la ciudad, porque necesitaba quedarme con mis abuelitos y más sabiendo que era época de vacaciones. Ese día me salí con la mía, termine quedándome un mes y medio feliz de la vida. En uno de esos días llegó mi abuelo con varios cuentos y me dijo que los eligiera de acuerdo a mi interés, opte ante todo por uno muy lindo “El perro y sus amigos de la granja” eran cinco cuentos y una vez seleccionados de mayor interés mi abuelo me los leyó a todos, como no podía faltar, él siempre con su reflexión en todo y su preocupación de saber si los había entendido. Así le fui tomando interés de esa manera me empezó a cautivar los cuentos, libros, revistas y todo lo que estaba a mi alcance leía.
Recuerdo que en varias oportunidades que la familia coincidía reunirse, mi abuelo juntaba a todos los nietos en el patio y nos leía horas y horas hasta que alguno se quedaba dormido de tanto escuchar historias y cuentos que mi abuelo nos leía e inventaba.
En toda mi infancia mi abuelo fue el precursor de mi interés hacia la lectura y es un pilar fundamental en todo. Tuve colecciones de libros por él, muchos no los leía pero si eran ojeados más de una oportunidad por pura curiosidad, siempre le quedare agradecida porque esta enseñanza siempre ira conmigo a donde sea!!!

Publicado por: Karina Quispe Ulloa Junio 19, 2008 5:55 PM

esto va a tener nota?

Publicado por: comicion 7 Junio 20, 2008 1:49 AM

Acà estoy!! Si no publiquè antes las notas de este trabajo fue porque estuve corrigiendo todo lo que me mandaron por mail y aclaro que algunos hasta me entregaron cuatro o cinco trabajos atrasados...
Con todas las devoluciones que hice de notas y estas que coloco ahora, les anuncio que se cierran las apuestas muchachos, el tiempo de entrega finalizò. Un respiro por favor!!

Notas

Iturriaga 9
Gutierrez Anabel 8
Abramovich 8
Bracalenti 8
Ramos Calandri 8
Vitta 9
Britez 7
Martinez Joaquin 6
Ollacarisqueta 7
Muzzio 8
Acebal 8
Maidana 10
Montanaro 9
Galassi 9
Borga 9
Otero 7
Sanchez 9
Casenaves 10
Walter 10
Gutierrez Andrès 9
Batistelli 6
Basualdo 9
Dominguez 8
Duhalde 8
Padrazoli 8
Alvarez 8
Quispe 7
Paz 7
Lioi 8

Publicado por: Victoria Arrabal Junio 20, 2008 7:47 PM

Impresionante la memoria de Martinez, 5 años y se acuerda de todos esos detalles.
yo no me acuerdo ni que desayuné hoy…
bueno, igual todos dicen “cuando tenía 8 años…” (salvo jere)

voy a una facu de gente privilegiada (reitero: “salvo jere” jaja)
se ve que sus MCP permiten un acceso más fluido de información hacia sus MLP, y que además sus MLP retienen más datos…

Publicado por: bubimaniaco Junio 23, 2008 3:00 AM

Che loco te recomiendo un grupo de asistencia para la memoria yo voy siemrpe
Hace varios años que voy, no se cuantos...
tampoco porgrese mucho porque las mayorias de las veces me tomaba el colectivo equivocado, y cuando me tomaba el de verdad no me acordaba donde bajarme o cual era el centro...
pero asi se comienza!
saludos...

Publicado por: "salvo jere" Junio 25, 2008 4:56 PM

eiii nunca me enteré qe usaban esto asi como un chat jajaja.. me estoy riendo mucho por vos jere.. te re bardeaste con lo de "petisa y cabezona" pero no voy a saltar del monumento por eso,... ya me acostumbré...

y si, NO SOY PARIENTEE DE EDUARDO DUHALDEEEEE GRRR

Publicado por: ayelen DUHALDE Junio 27, 2008 4:29 PM

Ezequiel Lázaro

Redacción 1

Comisión 12

Trabajo Práctico Nº 12

13/06/08

“Memorias de la lectura”

“Carta para la señora Luisa carta para el seño Joaquin”. Aunque esta frase parezca que carece de sentido para quien la lee, para mi es el recuerdo de aquella historia que me leía mi madre una y otra vez cuando era pequeño. Se trata del cuento de “Luisin el pequeño cartero del pueblo”, que no sólo recuerdo con exactitud sino que todavía lo conservo como un tesoro.

Así como mi mamá me “mimó” de bebe al leerme historias, también al crecer hubo otras personas, que en las diferentes etapas de mi vida, me contagiaron el hábito de la lectura. La pasión de mi padre por la historia y la arquitectura despertó en mí el interés sobre los sucesos ocurridos en el pasado, los que me permitían volar con mi imaginación y representarme mentalmente la época de los romanos en el coliseo, los monumentos egipcios o griegos, o cuando San Martin cruzo los Andes; como consecuencia, en mi época escolar, las materias de historia y geografía ocuparon el lugar de “favoritas”, donde no solo leía lo que se me pedía en la escuela sino que también leía por gusto propio. Una tía mía, que pertenecía a un círculo de lectores, también fue de gran influencia dado que me prestaba libros que acostumbraba a leer por las noches antes de dormir.

Hoy con 21 años mi interés por la lectura continua vigente. Pero esto no hubiera sido posible si no hubieran estado estas personas que me fueron de ejemplo, tal vez inconscientemente, sumado a mi hábito diario. Leer me ayudó y me ayuda a poder expresarme mejor, a corregir mis faltas ortográficas, a informarme acerca del mundo que fue y que es. Hoy como estudiante de Comunicación Social veo aún mayor la necesidad de leer, no sólo para apropiarme de los elementos teóricos que me brinda la carrera, sino también para evolucionar como un redactor y por ende como un Comunicador.


Publicado por: Junio 27, 2008 4:42 PM
Publicar un comentario









¿Recordar información personal?



Negrita Itálica Subrayada Blockquote Enlaces email


Atención: Para poder enviar un comentario, deberá ingresar el código que aparece en la imagen y luego oprimir el botón Publicar.






Optimizado para 800 x 600
Navegador Mozilla Firefox
Get Firefox!

Desarrollado por:
logo-adm.gif

Con la colaboración de:
logo88x25.gif

Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales
Riobamba 250 bis C.U.R.
S2000EKF Rosario - Tel. (0341) 480-8520