Dónde y cómo escribir – Ramón Salaverría*
*Salaverría, Ramón. 2006, Redacción periodística en Internet, Eunsa, Navarra. Págs.125-127.
Texto fuente – Módulo 3
Apenas existen todavía normas consensuadas para la inclusión de enlaces en los textos periodísticos. Sin embargo, pueden sugerirse las siguientes:
a) No saturar el texto de enlaces. Un error común entre los redactores noveles de páginas web suele ser añadir enlaces en prácticamente cada línea del texto. Con esa técnica creen imprimir mayor riqueza hipertextual a su texto pero, en realidad, sólo consiguen desorientar al lector puesto que le obligan a decidir a cada paso si desea seguir leyendo o pulsar en el enlace. En esos casos, la sobreabundancia de enlaces en lugar de resultar gratificante para el lector, por ofrecerle supuestamente mayores posibilidades de documentación y navegación, entorpecen la lectura. El lector se ve atraído constantemente por enlaces que esconden un mensaje implícito: “púlsame”.
Hay que evitar el peligro de que un excesivo número de enlaces distraiga de la lectura, que es al fin y al cabo lo principal. A este respecto, jakob Nielsen recomienda usar enlaces hipertextuales sólo si la información no puede presentarse sucintamente en la propia página (Nielsen, 1998ª).
Si, a pesar de todo, el autor desea añadir muchos enlaces a un texto, una alternativa eficaz es reunirlos en un recuadro al margen. De ese modo no estorbarán la lectura reposada. A este respecto Jonathan y Lisa Price detallan incluso que, puestos a incluir ese tipo de recuadros con enlaces, no es lo mismo situarlos en un margen del texto que al final:
b) Situar los enlaces preferentemente al final de las oraciones o párrafos. Para garantizar que el lector ha comprendido la información que se ha escrito, es conveniente ubicar los enlaces al final de las cláusulas, oraciones o párrafos. Si los enlaces se sitúan al principio, el autor corre el riesgo de que el lector pulse en ellos antes de haber leído el resto de la información, que puede resultar esencial. Compruébese en el siguiente ejemplo:
Incorrecto: Pulse aquí, si desea que su PC se infecte con un virus.
Correcto: Si desea que su PC se infecte con un virus, pulse aquí.
c) Distinguir claramente los enlaces del texto. En los cibermedios se considera un error subrayar palabras que no sean a su vez enlaces, puesto que el lector puede confundirlas con enlaces activos y tratar de pulsar allí donde no debe (Veloso, 2001:8). Asimismo, hay que evitar incluir enlaces poco contrastados respecto del texto convencional, porque pueden pasar inadvertidos a los ojos del lector. El texto y los enlaces deben distinguirse con claridad en todo lugar.
d) Usar cada enlace sólo una vez por nodo. En esto conviene seguir un criterio análogo al que se sigue en la redacción periodística impresa con respecto a las siglas o acrónimos: sólo se explicitan la primera vez que se mencionan en el texto. De igual modo, en una noticia hipertextual sólo ha de incluirse un enlace por cada fuente empleada, aunque esta sea mencionada varias veces a lo largo del texto.
e) Evitar el “efecto caja de Pandora”. En muchas ocasiones, el lector de una noticia pulsa en un enlace del texto sin saber a ciencia cierta lo que se encontrará. A ese lector le resulta imposible adivinar si tras el enlace se encuentra otra noticia del archivo de la propia publicación, una página de otro sitio web, un documento PDF, una grabación de sonido, un foro…o un virus. A esta desorientación, particularmente perniciosa en los textos periodísticos, le hemos dado en llamar “efecto caja de Pandora”. Y es que este tipo de enlaces recuerda a aquel cofre mitológico en el que se enscondían todos los males y que fue encomendado a los dioses con el mandato de no abrirlo jamás; cuando Pandora, movida por la curiosidad, robó y abrió la caja prohibida, esparció todos los males por el mundo. Un enlace traicionero obviamente no produe tal efecto devastador; pero sin duda molesta ya que, como mínimo, hace perder tiempo al lector.
Por lo tanto, conviene que el lector tenga plena certeza de lo que se encontrará si despliega el nodo que se esconde tras el enlace. Para conseguirlo, el autor debe esforzarse por sugerir, tanto en las palabras que forman parte del enlace como en el texto que las circunda, el tipo de información que se obtendrá si se pulsa en él. En el fondo, el enlace debe emplearse como una forma de titulación informativa dentro del cuerpo del texto.
Hay diversas estrategias lingüísticas para sugerir al lector con claridad el tipo de contenido que hallará si pulsa en un determinado enlace. En la siguiente imagen, por ejemplo, se puede ver claramente la diferencia entre situar un enlace en la expresión “informa Elmundo.es” y situarlo en los términos “Diario-critico.com”, “Ociocritico.Com” y “Madridiario.es”. En el primer caso, el uso en el anclaje de origen de la forma verbal “informa” sugiere que ese enlace no se dirige a la portada de Elmundo.es – es decir a http://www.elmundo.es – sino al artículo en el que se ofrece esa noticia en concreto – en este caso, la información titulada “Llega a la Red periodicom.com, tres boletines informativos en uno” (18/11/2004 -. En los tres enlaces finales, por el contrario, el hecho de limitar la extensión del anclaje de origen al nombre de las publicaciones sugiere que esos enlaces conectan, ahora sí, con las respectivas portadas de cada publicación.
Este tipo de pactos de lectura entre el autor y los usuarios de los enlaces periodísticos todavía está naciendo. No existen aún pautas consolidadas que aclaren a los periodistas cómo deben añadir enlaces a sus textos en la Web para obtener plena eficacia comunicativa. Sin embargo, en la medida en que se multiplica la publicación de contenidos originales por parte de los cibermedios, parece cada vez más evidente la necesidad de instaurar este tipo de pactos de lectura con implicaciones estilísticas insoslayables.
Editado por María Elena Sánchez a las 05:31 PM | Palabras: [ 970 ]
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